Olas, viento y…vino

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Nos habremos percatado todos, hasta todos y todas porque bueno, ponele como dice el latiguillo, pero nunca todes porque eso ya es ridículo entre las tantas confusiones al gusto de lo políticamente correcto, que a la sudacada nos alcanza diciembre y zas, el verano está con nosotros. Y con él la mar, la playa y por bendiciones del Sur, los vientos también.

Pero desde hace un tiempo, por eso lares también los vinos, los llamados del Atlántico, de más o menos reciente data, objeto de mercadeo y publicidad en aumento; ya con repercusión entre los hacedores globales de la fama; aunque de calidades  diversas y por cierto precios un tantillo exagerados, por lo menos para el paladar dinerario de los usuarios y bebedores de buena ley; no de aquellos que viven surfeando entre el glamur con nubes de cotillón.

Ya el verano pasado pudimos probar algunos en las cercanías de Chapadmalal, suerte de villa veraniega ubicada al sur de Mar del Plata, antes de llegar a Miramar, pertenecientes a la bodega Trapiche Costa & Pampa.

Un Brut Rosé, de esos color salmón y que quienes catan con los protocolos ortodoxos lo caracterizan por presencia en sabor de frutos rojos y tostados en nariz

Otro espumante Extra Brut definido por su color rosado y sabor a peras y manzanas verdes.

Entre los blancos se supo de un Riesling de aromas cítricos; de un Chardonnay fresco y mineral y del verdoso y especiado Gewürztraminer.

También allí en copa amplia llegó se hizo presente el Sauvignon Blanc, con sus característicos brillos y dejos salinos; y por último el tiento: escarlata el Pinot Noir, frutado y de frambuesas presentes.

Vinos promocionados como de alta gama, caros muy por encima de toda lógica en la relación precio/calidad,  y, por supuesto, muy elogiados que ya en algunas cosechas anteriores al 2017 fueron calificados con altos puntajes por uno de marcadores de mercado más cotizados en el mundo, el periodista, locutor y “crítico de vinos” británico Tim Atkin. Se supo hacer un lugar en el universo mediático el caballero.

En tanto, cabe mencionar que la revista Lugares del diario La Nación, de Buenos Aires, afirmaba el 13 de julio pasado en nota de Mariana Gianella, que la localidad de Balcarce llama la atención del mundo del vino al obtener una IG (Indicación Geográfica) propia para los vinos que produce. Con una única bodega instalada, Puerta del Abra pretende disputar el podio a sus pares cuyanas y norteñas por la alta calidad, produciendo blancos y tintos de alta gama que cotizan a más de 6.000 pesos por botella.

Si bien la zona costera ya tenía proyectos como Costa & Pampa y Castel Conegliano, estas viñas están sobre el mar y Bodega Puerta del Abra se encuentra a 60 km de Mar del Plata en línea recta. Se trata de un proyecto familiar del empresario Jorge Pérez Companc (…).

¿Es ese, el recién enunciado, el mundo del vino verdadero, el nacido  durante los tiempos del neolítico en los montes de Irán e Irak, donde y cuando habrían aparecido la Vitis vinifera sylvestris y las vasijas de cerámica?

¿O es el de la industria globalizada de dura matriz financiera y concentrada, con más marketing que virtudes y más laboratorio que enología?

Ustedes lean, si pueden prueben sin embriagarse, o si prefieren… Y luego decidan.

Por lo pronto ¡Salud!

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