Buena la pizza Eléctrica, pero debut y despedida

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Porque tantos son sus claroscuros, que, al final de cuentas, no se ubica entre las recomendables en su especialidad, que es el estilo napolitano, tan en boga y promocionado por estas tierras occidentales del Plata.

A la pizzería Eléctrica nos referimos, la que queda en la esquina que hacen las calles Cabrera y Julián Álvarez en el viejo barrio de Palermo, aunque no en el corazón mismo de Palermo Viejo, que comienza a latir pasitos al norte de la avenida Raúl Scalabrini Ortiz…Y allí estuvimos el jueves último.

Abrió sus puertas hace un tiempo ya, en el solar que durante años operó un taller de electricidad para automóviles, conservando su cartelería y deterioros edilicios, una opción de sus dueños para ubicarla en el mundillo llamado foodie.

He aquí la madre del borrego, el nudo de la cuestión, la llave mágica para develar el misterio: El vocablo inglés foodie, parece que surgido del libro The Official Foodie Handbook – El manual oficial para los foodies (1984), de los periodistas Paul Levy, estadounidense, y Ann Barr, británica, pero con bastante celeridad tornó su significado, más precisamente su sentido.

De designar a quienes gozan con la comida más allá de los cánones del gurmé y sus entornos de divulgación pasó a ser emblema publicitario, que poco tiene que ver con la valoración fundada de aquello que se come o se propone y mucho con el nuevo negocio de los influencers, esa suerte de pícaros y pícaras que descubrieron como crear o introducirse en el universo de los negocios – no sólo gastronómicos- a partir de la nuevas tecnologías y la redes sociales.

Dicho lo dicho, es lógico entonces que la de la Eléctrica sea una propuesta con objetivos digamos que generacionales. Está pensada, y en ese sentido, con acierto para un público que va de los que hace no mucho pasaron su adolescencia, hasta otro que ya luce algunas canas tempranas.

Pero qué tal sus pizzas. Buenas y es comprensible que para algunos muy buenas, pero no entre las mejores en su estilo napolitano, ni mucho entre las cincuenta mejores del mundo tal cual acaban de dar cuenta varios medios periodísticos, entre ellos el diario Página 12, que así escribió el 26 de setiembre último.

Dos pizzerías argentinas fueron reconocidas en el ranking mundial The Best Pizza Awards edición 2023. Los proyectos gastronómicos nacionales reconocidos fueron Eléctrica Pizza y Ti Amo.

El ranking se elabora anualmente basándose en las opiniones de más de 200 inspectores anónimos. Eléctrica Pizza, del maestro pizzero Daniel Sebastián Levy, quedó en el puesto 58 del ranking mundial. Por su parte, la pizzería Ti Amo, con sedes en Adrogué y Colegiales, se ubicó en el puesto 73.

Nuestro paso por Eléctrica – en Ti amo no comimos – viene a confirmar lo que ya en varias oportunidades afirmamos sobre The Best Pizza Awards y otras operaciones de marketing similares, entre ellas las legendarias estrellas Michelin, las que, dicho sea de paso, hace muy poco llegaron a este país: para no ser reiterativos, ¡con mucha frecuencia que poco serias son!

Eléctrica dice que sus amasijos son de masa madre con harina integral. Respecto de la primera característica nos reservamos el derecho a la duda, pues al probar sus cornisas recién salidas del horno, para evitar el sabor de los montajes, no percibimos la acidez agradable que resulta de esos amasados desde fermentaciones naturales.

Podrían algunos considerar que así sucede cuando las harinas son integrales, pero justamente el uso de esas especies aleja a quienes preferimos las viejas harinas de Castilla y de fuerza, como las dos 00.

Más allá de algunos entremeses apetitosos – el del platillo de aceitunas verdes y negras es un acierto en su aliño pero no en las olivas, de precaria calidad –, muy dedicados están y es buena noticia, a la utilización de mozzarellas frescas y burratas, una variedad de uso más generalizado fuera que dentro de Italia.

Varias son las especialidades de la casa. Probamos una que resultó atractiva, la 4 Fantásticos dice la carta, con variedades de quesos y dejos de cítricos dulces. También la Argentina, una suerte de clásica Margarita pero sin la enjundia de sabores que suele surgir de su propia simpleza.

Pasamos del postre – para muestras de la cocina sobraron dos botones -, y bebimos un vino que también mucho que desear dejó: El Tinto del Mono, un Malbec-Syrah del ’22, de liviandad y acidez que no son propias de la vinificación mendocina oriunda de Tupungato, cuando la misma es de calidad…Y para colmo servido en vasos de plástico…¡Imperdonable!

Sucede que la Eléctrica adoptó una modalidad que sabe a versión cool (con perdón de la palabra) de Mcdonalds, casi sin servicio de mesa.

Cada vez que usted desee algo tendrá que ir hasta la caja y pagarlo. Si es para beber, solicitarlo en la pequeña barra, por cierto atendida por un barman que suple su falta de profesionalidad con una muy cálida atención. Lo que haya comprado para comer sí le será alcanzado hasta la mesa por camareros con las mismas faltas y calidades que anotamos respecto del barman. Antes debió usted proveerse de platos metálicos, cubiertos, servilletas de papel dentro de una lata y vasos de plastico, yacente todo sobre estanterías ubicadas dentro del local, con muchas menos mesas en su interior que sobre las veredas.

Para resaltar: El horno a leña que, de notable calidad y atendido por jóvenes entrenados. Y los precios, en esta Argentina del desquicio inflacionario no son exagerados.

Para criticar en un aparte: La Eléctrica ofrece un concepto gastronómico que privilegia la atención al cliente pero sin empatía con el comensal…Para que se entienda, no sabe de de convivios y eso que ni se nos ocurriría compararla con el restaurante de la película italiana La Cena (1998), de Ettore Scola y con Fanny Ardant, Stefania Sandrelli, Vittorio Gassman y Giancarlo Giannini…¡No…para qué!

Y en se contexto también es justo señalar que la frialdad y hasta la poca gentileza de la gerente, jefa de salón o dueña – no nos quedó muy claro su rol -, que sólo permitió diez minutos de espera sentados a la mesa y tomando un aperitivo, para esperar a nuestros invitados, hasta cierto punto fueron subsanadas por la cortesía de los trabajadores de la bandeja

Corolario con humor…En la cola a la espera de solicitar y pagar nuestros requerimientos a una cajera con aires malhumorados, un cincuentón le dijo a su amiga, esposa, novia o amante, vaya uno saber y no importa…La pizza no está nada mal, pero ésto no es para nosotros…

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