Estuvimos en el Brigos Fest Whisky Edition – Single Malt Argentino

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Vayan agendando. Lo que sigue es el primero de dos textos de un viaje hacia ¿el alma del whisky…? Ya el primero, ya leer.

Mariana Baranchuk

En Tomate: Revista de Cocina nos propusimos ampliar nuestros horizontes, por lo que estamos atentos a catas, festivales y demás yerbas que hagan al placer del paladar en percepciones de lo sólido, que va de los cremoso sutil de una crema, de un puré, hasta  contundencia de un turrón, por ejemplo; y por supuesto, siempre, de lo líquido…Dejemos lo vaporoso que, como verán en el gusto existe, para otra oportunidad.

Claro, es a bien confesarlo que somos grandes libadores de todo aquello de buena calidad que supere los 10 grados de graduación alcohólica, así que cuando nos enteramos de la realización del Brigos Fest Whisky Edition- Single Malt Argentino, que se consumó en la ciudad de Chascomús el pasado 10 de diciembre, se pusieron los motores en marcha y en mi rol de continua viajera fui designada al sacrificado esfuerzo de realizar la cobertura del evento.

Pero antes de entrar al encuentro propiamente dicho permítanme una acuarela de esta viajera que, acompañada de una querida amiga pata para estas extrañas aventuras y que puso el auto a disposición, partimos el 9 de diciembre rumbo a esa localidad ubicada a 125 km de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Dado que el malón de turistas de finde largo había salido el día 8, en una hora y media arribamos a dicha ciudad reconocida por su hermosa y extensa laguna, y por ser la cuna de un ex presidente argentino quien fuera líder de un partido centenario que otrora supo tener peso en el escenario nacional.

Ni bien llegar fue dejar el auto en el sencillo, digno y limpísimo hotelito designado – Hotel Laguna, Maipú y Libres del Sur – e irnos a pie hacia la zona costera.

Valga aclarar que la sensación térmica superaba los 40 grados y la brisa que acariciaba nuestros cabellos era espesa y calurosa. Pero con gallardía y cierto entrenamiento físico caminamos y caminamos, y luego nos desparramamos en Bar Mulé  – Av. Costanera España 4 -, en principio en unos cómodos sillones a beber una limonada con menta y jengibre, con el fin de restablecernos para luego caminar un rato más y volver al mismo lugar a almorzar, obviamente liviano: una ensalada de palta y langostinos, que creo eran camarones – pueden ver el plato en la foto y opinar al respecto – acompañada por una copa de vino blanco bien helado. Hermoso lugar y precios accesibles acorde a la lógica de gasto/beneficio.

Pero no quedaba más remedio que retomar la caminata y volver sobre nuestros pasos, recuerden queridos lectores que a las 16 horas del día 9 jugaba Argentina vs Países Bajos y dada la temperatura el cuarto con aire acondicionado era el lugar más apropiado para exhibir nuestra argentinidad mundialista.

No es aquí el lugar para narrar un partido que todos tienen fresco, pero sí para comentar que durante el entre tiempo y con una ansiedad que nos desbordaba, salí del hotel en busca del único quiosco abierto – la temperatura excedía ya los 42 grados – , compre un espumante helado y unos maníes que nos permitieron continuar con todo lo que aún faltaba suceder, un poco mejor provistas.

Ganamos, sufriendo, pero ganamos y había que cenar con una tormenta que arrasaba, pero se toleraba ya que constituía la promesa de que bajaría la temperatura y que el día siguiente sería luminoso. Terminamos en el peor lugar que puedan imaginar: el Ringo Bar Hotel.

Vale decir que la fachada tenía onda. Nos percatamos al entrar que no venía bien pero llovía y mucho. Un trago aguachento y feo y la peor picada que puedan sospechar, prácticamente incomible. Además alguien decidió limpiar los pisos en ese momento, por lo que el olor a lavandina nos entraba por las narices y luego empezamos a quedar encajonadas, dado que empezaron a armar para que toque una banda. Feo, ni bien pudimos huimos. Por suerte habíamos merendado maníes.

Amanecimos el día 10 y teníamos un largo rato para pasear ya que el festival arrancaba a las 17 horas.

Recomiendo encarecidamente hacer el paseo en auto que consiste en dar vuelta a la laguna. Es un recorrido de 30 kilómetros precioso, en el medio se puede visitar la Feria de Artesanos, caminar algún trecho o ver las esculturas de metal a cielo abierto de la escuela de arte Mateo Salinas y obviamente parar a almorzar en algún otro restó o chiringuito.

Dada las temperaturas, y por más que las carnes asadas olieran deliciosas seguimos con las ensaladas, esta vez, más sencillas ya que el festival prometía cerrar con una cena interesante.

Luego de descansar arrancamos para el Parador Punta Norte – Avenida P. N. Escribano, Costanera Alem-,  donde daría lugar el ya ansiado Festival o Fiesta, según como gusten traducir Fest; eso sí, nuevamente caminando por conductora responsable que sabía que en sus venas esa tarde y noche no correría jugo de tomate frío, sino bebidas mucho más ardorosas.

Y finalmente el esperado Brigos Fest Whisky Edition- Single Malt Argentino

La ubicación en Punta Norte fue un acierto: el parador es bello y el atardecer sobre la laguna en ese sector y con un whisky en la mano un poema en sí mismo.

Los cráneos y co-organizadores de esta movida son Ariel Pardo de Whisky Chascomús; Federico Lizarraga, de II Ristorantino y Toti Gauna, de Pastry Cook.

Ariel Pardo es de profesión un contador quien hace un año se metió en el mundo del whisky, realizó cursos, se contactó con productores, realizó catas para dar a conocer estos productos y, según nos cuenta, esto recién comienza.

Por otro lado, conversando con Federico Lizarraga acordamos que en una próxima escapada no dejaríamos de visitar II Ristorantino.

La primera y obligada pregunta fue sobre el significado de la palabra Brigos: “Es una palabra Celta que significa valentía, ímpetu, viene de lo que es el brío en español; esa es la etimología y lo que queríamos transmitir” Y se nota.

En la primera trama del evento encontramos stands de productores de diversos lugares del país y con distintas propuestas en materia de whisky, todos de altísima calidad, más un sector de tragos a base de whisky, por supuesto.

Sobre algunas especificidades de lo que encontramos podrán leer en la próxima nota; aquí enumero las marcas y su procedencia sin ningún orden específico:

Cabo de lobos, oriundo de Mar del Plata; Estepario, de Bariloche; Demian, de Capilla del Señor; Casares, de Carlos Casares y La Orden del Libertador, de Mar del Plata.

Probé unos cuantos puros sin hielo como corresponde – ya les contaré en la próxima entrega- y un trago, Manhattan. ¿Qué otro? Cásico de la coctelería mundial: whisky, vermú seco, amargo de angostura y cerezas en almíbar; en este caso el vermú era casero y el amargo de angostura había sido reemplazado por un bitter de naranja que iba como piña. El Whisky era Demian.

El objetivo que se plantearon los mosqueteros del Brigo Fest: Acercar productos que están muy buenos pero que la gente no conoce, son productos de calidad que pueden competir palo a palo con los importados pero no se conocen, no se encuentran en supermercados ni en la mayoría de las tiendas, en muchos casos se consiguen directamente en destilería. El principal objetivo es acercar el consumidor al productor.

El sol caía sobre la laguna y un momento de intimidad conmigo misma mirando ese paisaje con un vaso de whisky Cabo de Lobos en su variedad ahumado si no era la felicidad se le parecía bastante.

Y aún faltaba la cena, que se hizo esperar un poco aunque valió la pena y que se matizaba con música en vivo, blues por supuesto. Uno de los temas en castellano rezaba en su estribillo: Yo no nací en Escocia / Yo nací mucho más acá / Pero despierto en la mañana/ tomando whisky, whisky nacional.

Primer plato, un queso caliente ahumado; seguido de un osobuco al vino tinto con verduras asadas y de postre un panqueque con helado, crema de pistachos y dulce de leche, por supuesto cada plato acompañado por diversos bebibles para finalizar con espumante.

Almuerzo en Mule

Los organizadores de esta fiesta del buen whisky nos siguen contando el germen del proyecto: Conocimos los whiskys y a los productores, les contamos lo que queríamos hacer y estaban dispuestos a venir ellos personalmente a ser parte del proyecto.

También nos dicen que esperan que esta Brigo Fest sea la primera de muchas, pero que no necesariamente debe ser whisky, en esta ocasión querían potenciar el single malt argentino, pero no nos vamos a encasillar ahí porque lo que a nosotros nos interesa es buscar productos de vanguardia productos que no estén en el mainstream (corriente mayoritaria para los no conocedores de las palabras que ya el marketing nos obligó a adoptar).

Y continúan: Por ejemplo, una cerveza cofermentada en Mendoza con vino, algo que no sea lo común y acercarlo a la gente para que lo conozca. Podría ser de vino, pero con alguna peculiaridad o de gin o veremos.

Los especialistas reunidos en Chascomús sostienen que la Argentina tiene todo para ser un productor importante de whisky: campos de calidad para el cultivo de malta, el agua – hay una marca que solo trabaja con agua de deshielo – y conocimiento por parte de expertos.

Todos los entrevistados coinciden y se asesoran con quien es, sino el principal,  uno de los dos principales sabedores de cómo hacer whisky en nuestro país: Pablo Tognetti, que a su vez tiene la marca Madoc (juro que alguna vez la degustaré).

Si le suena el nombre, no dude, nos referimos al mismo Pablo Tognetti de profesión físico quien fuera presidente de ARSAT durante siete años y que en la actualidad es gerente de Marketing internacional del INVAP en Bariloche.

Ariel Pardo, uno de los organizadores del Brigo Fest resume su relación con el whisky: Yo los fui conociendo por consumo propio, me llegaba la información, mirá este está produciendo, los contactaba, probaba y compraba…si tenía la posibilidad compraba para revender y los usaba en las catas que organizaba con el propósito de que la gente los conozca. Y agrega algo que ya habíamos percibido: Todo lo hago no es por profesión, es por pasión.

Caminamos de regreso al hotel, en una noche estrellada, sin apuro, bajando lo comido, craneando cómo volcarlo en Tomate y recordando por qué me resulta tan abrazador el whisky, es que aprendí a beberlo durante la agonía de mi padre…cuando su mujer se retiraba a dormir la siesta, nos sentábamos en el balcón, mirábamos las flores y bebíamos en silencio; y quizá ese sea uno de los recuerdos más intensos y bellos que tengo de él. El buen Whisky tiene para mí el aroma de un padre que continúa abrazando.

(Continuará)

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