Tomate Estación de Sabores: algún “tomatero” la debía conocer

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Mariana Baranchuk

En reunión de comensales me han designado como la tomatera viajera, razón por la cual los viajes a tierras pocos transitadas son de mi incumbencia. ¿A tierras lejanas se preguntarán ustedes? ¡Si sólo fuiste a Palermo!

Sabrán disculpar cierto prejuicio frente al corazón del polo gastronómico palermitano, espacio donde sobra la tilinguería y no se suele ver mucho lo que comes. Eso sí, todo es limpio, la gente sonríe y ríe con despreocupación y las vidrieras iluminadas sin los precios a la vista hacen suspirar por más de un trapito y zapatito exhibido.

Había que ir a Tomate Estación de Sabores (y, es obvio, se conoce como Tomate a secas), al fin y al cabo compartimos nombre.

El espacio está compuesto por distintos ámbitos, dado que como casi todo en esa zona es una vieja casona reciclada. Al entrar una zona estrecha con la barra para tragos y algunas mesas; un segundo espacio más amplio con mesas y al fondo un hermoso jardín donde está la cocina a la vista.

Esa zona fue la elegida y, sin lugar a dudas, la más bonita.

En todas, las luces bajas, obligan a mirar el menú con la linterna del celular. Por supuesto podría ser mirado con cualquier linterna tradicional, pero difícil llevar una si en lugar de ir a un camping decidiste ir a Palermo.

Los mozos y mozas visten unas coloridas guayaberas con motivos florales, amables, jóvenes, muy con cara de “estoy acá de onda, no me confundas con un laburante”.

La idea era ir de trago y tapeo. Obvio un Bloody Mary; en este caso el jugo de tomate con el vodka estaba combinado con pimientos asados y un mix de especias, decorado con un pinche con un tomatito cherry, una aceituna rellena y una cebollita agridulce. Un gran detalle el removedor -habitualmente cucharita larga de plástico-, era una varita de apio. La verdad muy bueno, en lo personal le hubiese puesto un poco más de vodka.

Además compartimos una provoleta con higos asados encima; buena aunque por Santelmo se consiguen mejores.

La estrella de la noche: un hummus que no es exactamente un hummus pero lo que recomiendo. Al tradicional hecho con garbanzos y tahini (pasta de semillas de sésamo) lo habían procesado junto con maní y venía con cubierto por algunos champiñones salteados y avellanas. Te lo sirven sin pan, ni galletas. Fantástico.

Un detalle simpático, cambian la carta por estación para trabajar con productos frescos. Mi recomendación, ir al atardecer (no necesitas linterna), un trago y compartir el hummus, después caminas y vas por donde la noche te lo permita…quién sabe, tengas suerte.

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