Cacatúa de lata para Atelier Fuerza…allá en el horno nos vamo’ a encontrar

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Se trata de una panadería de nueva generación, es decir de esas que habitan hace ya un tiempo en Buenos Aires – y otras comarcas del planeta -, a cargo casi siempre de la juventud emprendedora, hija de las redes sociales y entonces muy alerta a lo que dice el dizque periodismo (gastronómico) y sobre todo los influencers, esa suerte de señoritos y señoritas hábiles con las tecnología y en general dispuestos a opinar sobre cualquier cosa como si supiesen.

Ya en 2019, Atelier Fuerza era tratada con vivas por el diario La Nación y, hace poco, una empleada que dijo ser prima de los dueños nos explicó que el nombre proviene de taller, porque eso somos, no una panadería, y porque se trata de un proyecto con fuerza para emprender. ¡Ajá!

¿Acaso sus panes, medialunas y otras pastelerías son de mala calidad?

No. En general se trata de buenos productos, más o menos artesanales y bien posicionados en la renovada moda de la masa madre, aquella milenaria base de fermentaciones naturales (harina en agua, que produce sus propias levaduras y lactobasilos), ya conocida en el antiguo Egipto y sustentación de la mejor panadería desde aquél entonces.

¿Pero por qué entonces los tomateros estamos decididos a otorgarle nuestra mala cucarda que se llama Cacatúa de lata?

Porque como tantos hechos y contrahechos en nuestro país – ¡por favor…y no sólo en el mundo de la coquinaria y el beber!- casi nunca lo que es parece o, tal cual en este caso, lo que parece es.

Porque – no son los únicos, es cierto -, se comportan tal cual remarcadores de precios seriales, más allá y muy por encima del desquicio nacional inflacionario y ante el cual las dirigencias políticas y de otras naturalezas lucen como enajenadas, o, lo que es peor, concentradas en sus propios intereses corporativos.

Conocemos algunos de sus locales, sobre todo el de la calle Salguero 885, en el barrio porteño de Almagro.

En los últimos dos meses, los aumentos de sus precios fueron casi de un 20 por ciento semanal y, para colmo, con una baja constante en la calidad promedio de sus productos, sobre todo en las distintas variedades de pan.

Algunos de sus vendedoras y vendedores admitieron es que cambiaron de panaderos, ya se lo estamos advirtiendo a los dueños, pero bueno…Aclaración esa que pone en tela de juicio aquello de la pasión artesanal de sus creadores…Es decir, un ejemplo de lo que escribimos antes, casi nunca lo que es parece o, tal cual en este caso, lo que parece es.

Y si a eso le sumamos que la atención al público dista de ser esmerada, que cada día abren sus puertas más tarde de lo que la tradición panadera indica y que es ostensible el carácter podríamos decir discriminatorio de su política comercial -notaria es la diferencia en la provisión de productos según el local de ventas funcione en un barrio paquete o no – pues entonces, y es una verdadera lástima, sale una Cacatúa de lata para Atelier Fuerza.

Y nunca tan adrede aquello del genial Discépolo en Cambalache (1934): ¡El que no llora no mama y el que no afana es un gil! ¡Dale nomás! ¡Dale que va! ¡Que allá en el horno nos vamo’ a encontrar!

Posdata a título de recordatorio: Los Tomatitos de oro para vitorear se explican a sí mismos gracias al nombre con que bautizamos a esta revista. Las Cacatúas de lata porque, en son de humorada, nos inspiramos en la letra del tango Corrientes y Esmeralda (1933), de Francisco Pracánico y el gran Celedonio Flores que dice… En tu esquina rea, cualquier cacatúa sueña con la pinta de Carlos Gardel…

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