Y el té matcha va…conquistando gustos

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Verónica Valdez

Matcha es un tipo de té verde japonés finamente molido elaborado con tencha, el material resultante del procesado de las hojas de la primera cosecha. Aunque se consume tradicionalmente en el este de Asia, el japonés se cultiva y procesa de manera diferente.

¿Qué tiene de especial este té verde?

El matcha tiene algo especial, que no aparece a simple vista, no solo por ser un té verde en polvo finamente molido. Ni por obtenerse de las hojas más jóvenes y selectas de la primera cosecha de la planta Camellia Sinensis, y  tampoco por cultivarse a la sombra, produciendo más teanina, clorofila y cafeína, para preservar mejor sus propiedades y su sabor.

Se recomienda no solo tomarlo por estar de moda, sino, sobre todo, porque es rico en antioxidantes, vitaminas y minerales.

El matcha tiene su historia y tradición detrás, y existe un ritual que convoca a un grupo de personas para disfrutar de la preparación de su y de todos sus beneficios.

La ceremonia del té matcha

La costumbre de beber té no siempre ha sido por placer, sino que empezó a tomarse como medicina, un hábito que extendieron los monjes budistas de China y que introdujeron en Japón, allá por el siglo IX.

Los monasterios budistas lo tomaban como ritual religioso, mientras que fueron los samuráis quienes empezaron a preparar esta bebida, construyendo las bases de lo que sería su ceremonia, señala la ucranio-española María Dakhina Brett, editora de contenidos en redes.

El rito fue evolucionando, hasta desarrollar una estética concreta llamada wabi. Se trata de un término japonés que se utiliza para describir una forma de belleza que valora la simplicidad, la humildad y la imperfección. Algunos dicen que detrás del té hay una filosofía. Que cada gota tiene un sentido, una historia y una manera de disfrutarlo.

Los principios centrales de su ceremonia son la armonía, el respeto, la pureza y la tranquilidad. Mientras el té siempre ha sido una bebida para reunirse, disfrutar y degustar lentamente, el café suele asociarse a las prisas, a la necesidad de despertarse y ser productivo.  Al que le gustan las pausas, le gusta el té.

La ceremonia del té matcha suele llevarse a cabo -también- en el jardín de una pequeña cabaña, con una entrada a la que acceder de rodillas, dejando cualquier energía negativa fuera, pues solo los humildes y modestos pueden entrar.

Junto con las malas ondas, también los zapatos se quedan en el exterior, ya que es una forma de quitarse las impurezas y separar los problemas externos del ritual.

El anfitrión prepara las tazas y es importante que el agua no llegue al punto de ebullición, para evitar que el calor extremo abrase las hojas de té japonés y se pierdan sus propiedades.

Si la ceremonia del té es formal y completa, incluye una comida y dos clases de té, durando aproximadamente cuatro horas. El objetivo final de la ceremonia es vivir el presente, por lo que todo el ritual gira en torno a los elementos que envuelven el evento. La idea es concentrar todos los sentidos en la ceremonia, sin distraerse pensando en cuestiones mundanas. Tomar té mientras se mira el té, se piensa en té y se habla de té.

El té matcha tiene un sabor extraño. Es fuerte, dulce y amargo a la vez.  El primer trago es el más curioso: uno espera un sabor a té y obtienes algo totalmente nuevo, pero poco a poco lo amargo desaparece y se queda un sabor único, que nos lleva de viaje a Japón.

Hoy, en la cultura occidental cada vez se utiliza  en distintas recetas. Desde pasteles, helados y batidos, hasta galletas, cafés y salsas. La versatilidad del matcha va más allá de la simple taza caliente. Se ha convertido en una tendencia que  los principales chefs han incorporado a sus propuestas gastronómicas. Y es que no solo su color es un distintivo, sino que su característico sabor consigue combinaciones únicas, que no se habían explorado antes.

Helado de té matcha

El helado de te matcha es cremoso, dulce y refrescante y, además, muy sencillo de realizar. Tiene como ingredientes dos cucharadas soperas de té matcha, 130 gramos de azúcar, 180 mililitros de crema doble, 180 mililitros de leche y tres huevos.

Se mezcla dos cucharadas soperas de azúcar con el té verde en un recipiente. Se separan las claras de las yemas de los huevos y se mezcla las yemas junto con el azúcar en un recipiente aparte. La mezcla resultante se introduce con la anterior de té y azúcar, y se remueve bien hasta que quede una pasta densa. Luego se bate la crema suavemente y se la incorpora en la mezcla anterior.

Se distribuye todo en un recipiente grande y hermético y se mete en la heladera  durante tres horas, pasadas las cuales, el recipiente va el congelador y se va removiendo cada 30 o 40 minutos para evitar que se formen cristales. Cuando la textura esté en su punto, entonces ya tendrá helado de té matcha cremoso y delicioso.

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