Pampa, reflexiones, historias y… copas

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Nuestra esfinge, la esfinge del hombre argentino, es la pampa, la extensión ilimitada, con sus horizontes evanescentes, en fuga; la pampa que en diversas formas inarticuladas, que se refunden en una sola nota reiterada y obsesionante, nos está diciendo: ¡O descifras mi secreto o te devoro!

No es empresa fácil ni placentera enfrentarse con la esfinge; no es una oportunidad contemplativa ni un problema hacia el que vacamos por ocio o mera curiosidad intelectual, sino el primer acto de un drama que acontece en nosotros mismos y en cuyo tempo y ámbito viene a inscribirse nuestro destino espiritual e histórico. Desdoblándonos para asistir al drama en que somos actores, tenemos, ante todo, que ver y destacar las dificultades que nos cierran el acceso al enigma. De Carlos Astrada – quizás el filósofo sistémico más importante entre los argentinos, en Para una metafísica de la pampa (1938).

También. Ver el esqueleto de la tierra, es el título de un ensayo publicado por la Universidad Nacional de Mar del Plata en el año 2000, por Carola Hermida; nunca mejores palabras para definir al ensayo de todos los ensayos argentinos, Radiografía de la pampa (1933), de Ezequiel Martínez Estrada, un texto de extrema lucidez sobre Argentina y sus tragedias, de vigencia absoluta para entendernos en la actualidad.

Hay una hora de la tarde en que la llanura está por decir algo; nunca lo dice o tal vez lo dice infinitamente y no lo entendemos, o lo entendemos pero es intraducible como una música… Desde su catre, Recabarren vio el fin. Una embestida y el negro reculó, perdió pie, amagó un hachazo a la cara y se tendió en una puñalada profunda, que penetró en el vientre. Después vino otra que el pulpero no alcanzó a precisar y Fierro no se levantó.

Inmóvil, el negro parecía vigilar su agonía laboriosa. Limpió el facón ensangrentado en el pasto y volvió a las casas con lentitud, sin mirar para atrás. Cumplida su tarea de justiciero, ahora era nadie. Mejor dicho era el otro: no tenía destino sobre la tierra y había matado a un hombre. En Ficciones (1956): El fin; Jorge Luis Borges.

Por fin…mientras combatía en la oscuridad (mientras su cuerpo combatía en la oscuridad), empezó a comprender. Comprendió que un destino no es mejor que otro, pero que todo hombre debe acatar el que lleva adentro. Comprendió que las jinetas y el uniforme ya lo estorbaban. Comprendió su íntimo destino de lobo, no de perro gregario; comprendió que el otro era él. Amanecía en la desaforada llanura; Cruz arrojó por tierra el quepis, gritó que no iba a consentir el delito de que se matara a un valiente y se puso a pelear contra los soldados junto al desertor Martín Fierro. Otra vez Borges: Biografía de Tadeo Isidoro Cruz (1829-1874); en El Aleph.

Ahora sí, a lo nuestro, con un texto tomado del sitio La Arena, de La Pampa, el pasado 3 de mayo: Creció la elaboración de vinos en la provincia.

La elaboración de vinos creció más de un 60 % en La Pampa durante el 2025, según las estadísticas oficiales de Nación. Sin embargo, en el mismo año cayó la producción de uva.

Así se desprende de los datos oficiales que presentó Nación ante la Cámara de Diputados de la Nación, elaborados por la Subsecretaría de Economías Regionales y de Pequeños y Medianos Productores en base al Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV).

Allí se precisó que la producción de uva en La Pampa, para todos los fines, cayó en 2025 un 10,9 % en comparación con el año anterior. Esto se debe a que, en quintales, pasó de 22.770 en 2024 a 20.287 en 2025. La producción había tenido un fuerte salto luego de que en 2023 se registraran 8.309.

Sin embargo, el dato más interesante se encuentra en las estadísticas de elaboración de vino. En este aspecto, la provincia registró un fuerte incremento al pasar de 3.736 hectolitros en 2024 a 6.096 en 2025. Se trata de una variación interanual positiva del 63,2 %.

Rose wine

La última cifra registrada se mantiene en el promedio de los últimos años. Según la evolución que informó Nación, en 2019 había sido de 5.482 hectolitros, en 2020 de 6.269, en 2021 tuvo un pico máximo de 8.668, luego regresó a 6.169 en 2022 y presentó una abrupta caída a 1.191 en 2023.

En el país hay una superficie cultivada de 196.220 hectáreas distribuidas en 20 provincias, la actividad se concentra principalmente en la región de Cuyo, especialmente en Mendoza, donde representa aproximadamente el 72% de la superficie total nacional.

El mercado interno argentino consume cerca del 80% de los productos vitivinícolas y el restante se destina a la exportación. El país ocupa el séptimo lugar en superficie de viñedo, es el sexto productor mundial de vino y undécimo exportador de vinos en volumen, además es el noveno consumidor a nivel global.

Hasta ahí el texto de La Arena. Y añadimos…

Varios medios especializados según una síntesis elaborada por buscadores IA sostienen…

Los vinos de desierto son aquellos cultivados en regiones con extrema aridez, altas temperaturas diurnas y noches frías, lo que fuerza a la vid a sobrevivir en condiciones hostiles. Esta peculiaridad produce uvas con pieles gruesas, resultando en vinos con gran identidad, concentración, carácter mineral y, a menudo, notas a salar o roca volcánica.

En Argentina los de La Pampa y de la Patagonia, siendo la Bodega del Desierto en 25 de Mayo (La Pampa) una de las pioneras. Se destacan sus líneas Desierto Astral y Pampa Mía.

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