La Yumba y un helado para Pugliese…¡Qué tantas veces te encanaron, genio!

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Tantas que por comunista te arrumbaron en un calabozo; entre ellas y a dos bandas: durante el primer gobierno del general Juan Domingo Perón y después en el ’56, por los asesinos de la Fusiladora, pero ya llegaremos a ello.

Durante largos años el maestro Osvaldo Pugliese (1905-1995) concurrió con su esposa Lidia Elma –Beba– a la esquina porteña de Boedo y Carlos Calvo. Terminaban allí las caminatas que iniciaban en su casa de la calle Corrientes. Solían frecuentar las mesas del desaparecido café Alabama. Cuando este lugar fue destruido por un incendio, sus dueños lo reconstruyeron y lo llamaron Recuerdo en honor a su primera pieza musical, por el aprecio que le tenían. Hoy esa esquina lleva su nombre. Así cuenta un sitio oficial del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.

Y gracias a una foto que el poeta y notable divulgador cultural santafecino Daniel Rafalovich difundió desde las redes sociales, podemos hablar del placer que a todas luces manifestaba el maestro de maestros, cada vez que se encontraba con un helado (y nótese que en la imagen de portada a lo Velázquez luce un detalle: el legendario ron Negrita).

Pocas personalidades de la música popular argentina tuvieron su estatura; quizás junto a Aníbal Troilo ellos mismo fueron el tango. Pocas de la cultura sostuvieron el compromiso político y social que él mantuvo a lo largo de su vida, si hasta con los músicos de sus orquestas el repartía los dineros por igual, como cooperativa que era.

Comunista y como adelantáramos, varias veces reprimido tras los barrotes. Perón y la Fusiladora del ’55 lo mandaron preso; y fue el propio General quien durante su tercer mandato le pidió disculpas. Gracias por saber perdonar, le dijo en una brazo, tal cual lo recuerda el periodista Carlos Piro el 25 de julio de 2021 en un artículo publicado por el diario Pefil.

Ese mismo texto cuenta: Su compromiso casi lo deja sin debut en los años de la Década Infame. Después de hacer reemplazos, de integrar formaciones musicales donde la estrella era otro, o compartía el cartel, a finales de la década del ‘30, con prestigio y experiencia musical adquiridos en casi dos décadas de esfuerzo y dedicación, Osvaldo Pugliese pudo formar su propia orquesta, con la que debutó el 11 de agosto de 1939 en el Café El Nacional.

Pero ni ese debut pudo ser tranquilo. Faltaban cinco días y Pugliese estaba preso. Enterado el dueño del café,”el señor Prado, un gallego democrático y progresista”, como lo definía el creador de “La Yumba”, se solidarizó con el maestro. “En cinco días ustedes debutan, con Pugliese o sin él. Y cuando Pugliese salga de la cárcel, que venga a tocar”, le dijo a los músicos. Finalmente, debutaron todos, el día indicado.

En el ’45, cuando ya gobernaba la “revolución de los coroneles”, Pugliese y su orquesta la pasaban mal. Muchas veces llegaban a actuar y se enteraban en la puerta que habían suspendido la actuación o la policía se llevaba preso al pianista o a toda la orquesta hasta que pasara la hora de su presentación.

Tampoco zafó don Osvaldo de “gayola” en tiempos de las dos primeras presidencias de Perón. En 1948 ya no tenía trabajo, o lo contrataban y se suspendían las actuaciones. O llevaban presos a quienes lo contrataban. Hasta que finalmente, una redada en enero de 1955 lo hizo caer preso en la confitería “La comedia” y estuvo seis meses detenido en el penal de Villa Devoto. Famoso y querido, la llegada de Pugliese a la cárcel fue un acontecimiento para los demás presos políticos que compartían las “ranchadas”. Pero fiel a sus principios, Pugliese rechazó cualquier privilegio y cumplía con sus obligaciones como uno más, se tratara de hacer la comida o de limpiar el lugar. El 10 de julio de 1955 fue liberado y su hija recuerda con humor, que de aquella detención, Pugliese se trajo la costumbre de tomar el mate amargo, que ella también adoptó desde entonces (…). Derrocado Perón, también la Revolución Libertadora encarceló a Pugliese. Fue en 1956, en la llamada “Operación Cardenal”, junto a todo el Comité Central del Partido Comunista. Terminaron todos en el barco “París”. Como tantas otras ocasiones, la orquesta tenía que presentarse en radio Splendid y cumplió con su contrato, aunque sin su pianista y director, adornando el piano con claveles rojos, ya por entonces, una marca de la protesta por la persecución política a Pugliese (…). El siniestro “Plan Conintes”, de los tiempos de la presidencia de Arturo Frondizi también lo tuvo a Pugliese en la mira, pero la astucia de militante, y la solidaridad de  otros militantes, lo ayudaron a escapar de la policía, que lo quería detener en un hotel.

Podríamos escribir páginas y páginas sobre la vida y obra de Pugliese, pero por hoy sólo los invitamos a escuchar el tango La Yumba, uno de sus clásicos, compuesto y estrenado en 1946.

 

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