Rajate de la leche y las limonadas…dale al whisky

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Seguí mi consejo. Tango de Salvador Merico y Eduardo Trongé (1929) – ¡Cómo lo cantaba, lo canta, Carlos Gardel!-. Forma parte del libro Los sabores del tango (2002) del comensal tomatero Víctor Ego Ducrot, texto con ejemplos y casos de préstamos lingüísticos con los que el autor trabaja para desentrañar la presencia de la coquinaria de Buenos Aires y el Río de la Plata entre los poemas y letras de registro tanguero.

En esta sección de tanto en tanto reproduciremos o al menos citaremos, como lo hacemos la entrega que están leyendo, algunos de sus capítulos.

La letra de Trongé, sostiene Ducrot en su libro, es un verdadero catálogo de los hábitos culinarios y picarescos de la sociedad porteña en aquella ya lejana década del ’20 del siglo pasado, presente en muchos casos pese a las vorágines de los tiempos y de sus terremotos culturales.

Por supuesto que las correcciones políticas, tan bobas ellas, y entre sus descendencias más lamentables, aquella denominada cancelación, podrán poner el grito en el cielo y aporrearnos con improperios por hacernos eco y amplificación de lo que Gardel aquí canta:

https://www.youtube.com/watch?v=LQaFuYGZZ1E

Y por supuesto sigan nuestro consejo, que a los tomateros poco nos importan aquellas probables y semejantes estulticias de los literales, sean ellos o ellas.

Rechiflate del laburo, no trabajes pa’ los ranas, tirate a muerto y vivila como la vive un bacán… Dormila en colchón de plumas y morfala con champán…Atorrala doce horas cuando el sol esté a la vista…El día que los laburantes digan basta y como los levantados en armas de El reino de este mundo (1949), la breve aunque enorme novela del cubano Alejo Carpentier, tomen por asalto las bodegas de los poderosos, otros gallos cantarán.

Si vas a los bailes, parate en la puerta, campaneá las minas que sepan bailar, no saqués paquete que dan pisotones…Exactamente como sucede en la actualidad en las milongas de Buenos Aires, lugar de citas bailables que incluso son de enorme atractivo para el turismo de extrangia que llega hasta esa costas, japoneses, europeos varios y hasta estrellitas del cine y la porcopolítica estadounidense.

Aprendé de mí que ya estoy jubilado, no vayas al puerto… ¡te puede tentar!…Hay mucho laburo, te rompés el lomo, y no es de hombre pierna ir a trabajar…Háganle caso a los que algo saben, que no falla; y que un día trabajen los patrones…

Y aquí sí, con todo y a lo nuestro…No vayas a lecherías a pillar café con leche, morfate tus pucheretes en el viejo «Tropezón» y si andás sin medio encima, cantale «¡Fiao!» a algún mozo en una forma muy digna, pa’ evitarte un papelón…Pucheros y cocidos, o lo que os plazca, no andéis vosotros con remilgos.

Refrescos, limones, chufas, no los tomés ni aun en broma…¡Piantale a la leche, hermano, que eso arruina el corazón!…Mandate tus buenas cañas, hacete amigo del whisky y, antes de morfar, rociate con unos cuantos pernós…Claro que sí, que por algo insistimos en la vida sana, como lo hacen los médicos farabutes en la horripilante TV argentina.

Hasta el próximo tango, o quizás blues…¡Vayan ustedes a saber…!

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