¿Serán acaso el arroz, la leche y el aceite los que acaben con el desquiciado?

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Víctor Ego Ducrot

Y las carnes de los bichos que fueran, y los fideos, y las papas; y podemos seguir con la invocación completa de los productos que deberían colmar nuestras heladeras y alacenas, empobrecidas sin parar desde hace años pero con furia desde el pasado 10 de diciembre, día en que llegó al gobierno de los argentinos un ser patético, sin medicación que suavice su desquicio y fascista de alma, acompañado por una gavilla de marginales y tránsfugas.

Y nos formulamos la semejante pregunta porque ya desde la propia Casa Rosada llega a oídos de este Pejerrey Empedernido, la otra voz de quién el presente texto firma, que la piedra de toque para debacle del gobierno puede estar en manos los precios de los alimentos, que suben y suben, con salarios e ingresos populares que bajan y bajan; que quizás provoquen el estallido de escarmiento para tanto garca ensoberbecido.

Ya en mayo del ’22, el colega Ariel Maciel, bien humano él, no Pejes de los que nadamos en las aguas de Tuyú como el que les escribe, en el sitio Letra P afirmaba: Veinte empresas deciden qué comen y a qué precio 45 millones de personas (…) La inflación pone en jaque a toda la economía y les quita recursos a todos los sectores, pero la fuerte suba de precios en los alimentos de primera necesidad tendrá un efecto devastador en la pobreza, porque las personas sin empleo formal y con deficiencias de base estructurales sufrieron, en el inicio de este año, un golpe a los ingresos inédito en las últimas tres décadas: hay que remontarse a 1991 para encontrar un primer trimestre con índices tan altos en materia de remarcaciones (…).

El 74% de la facturación de las góndolas de los supermercados está en manos de apenas 20 empresas y el poder de venta está concentrado en seis cadenas comerciales de grandes superficies. Las grandes cadenas concentran alrededor del 80% de las ventas totales del sector supermercadista. Carrefour, Cencosud (Disco, Jumbo y Vea) y Coto representan a las tres cadenas principales, que se llevan la mitad de las ventas del sector, señala un informe del Centro de Economía Política Argentina (CEPA) (…).

Sólo 20 empresas explican el 74% de las ventas: Unilever (9%), Mastellone Hnos. S.A. (8%), Empresa Del Distribuidor (8%), Coca Cola Company (5%), Sancor Coop. Unidas Ltda. (5%), Danone (5%) Molinos Río De La Plata (4%), Procter & Gamble (3%), Papelera Del Plata (3%), Cervecería Quilmes S A. (3%), Ada (2%), Pepsico Co (2%), Arcor S.A. (2%), Mondelez (2%), Nestle (2%), Bagley S.A. (2%), Molino Cañuelas (2%), Kimberly-Clark (2%), BRF (2%) y Establecimiento Las Marías (1%).

En diciembre pasado el diario Infobae sostenía: Otra señal recesiva: las ventas minoristas de alimentos y bebidas cayeron 7,7% anual en noviembre.

Desde aquél ’22 y diciembre del ’23 hasta el presente todo resultó peor: más concentración de empresas, más inflación – hoy Argentina tiene el mayor índice inflacionario del planeta – menores salarios, pensiones y jubilaciones e insoportable tendencia alcista en los precios de los alimentos.

El 13 de este mes, Leandro Renou – otro colega bien humano, es decir tampoco Peje -, escribía en el diario Página 12: Algo más de dos meses fueron suficientes para que la teoría del libre mercado que abonó el gobierno de Javier Milei cayera derrotada a manos de las empresas productoras de alimentos y bebidas. El sacudón de precios que se generó en toda la economía por la liberación, lejos de redundar en libre competencia con valores a la baja, disparó los precios de regulados y canasta básica y obligó al gobierno a entregar las armas (…). En las últimas horas, el vocero presidencial, Manuel Adorni, confirmó la decisión de Milei de abrir las importaciones de alimentos y medicamentos para intentar una baja en los precios. Horas antes, el ministro de Economía, Luis Caputo, les había rogado a los grandes supermercados y las empresas fabricantes dejar de subir los precios. Todo esto, porque hay una serie preocupación en el Gobierno por el dato de inflación de marzo, que será (fue) muy fuerte… si se sostiene a este ritmo, la inflación de alimentos de marzo tendrá 15 puntos como base

Podríamos abundar en cifras pero lo determinante resulta ser que el gobierno del desquiciado y sus aventureros de baja estofa se ven en crecientes problemas.

Mientras escribo, en el Senado se debate la aprobación o no de un decreto presidencial de necesidad y urgencia (DNU) que no fue ni necesario ni urgente, sino que tuvo como propósito gobernar de facto, pues esa disposición del Ejecutivo viola la Constitución Nacional.

El presidente insulta a sus opositores y ahora también a su vicepresidenta, Victoria Villarruel, una fascista defensora del genocidio cometido por la pasada dictadura cívico militar. Se dice y se desdice; no hay día que no se desmienta a sí mismo. Aumenta su salario cuando deprime los ingresos de las inmensas mayorías.

Sus aliados y sostenedores – la burguesía local parasitaria, concentrada y lumpen en cuanto que no tiene otro proyecto que su voracidad de buitre  – ya está preocupada porque el títere que pusieron en el gobierno comienza a perder eficacia más rápido de lo que se esperaba.

Los sindicatos más poderosos – en general hace décadas asociados a las patronales cuando no con propios dirigentes convertidos empresarios encubiertos – en pie al menos de alerta.

En fin, en este caso también podríamos abundar con datos e interpretaciones, pero cierto es lo siguiente: quizás los precios de los alimentos vitales sean los verdaderos actores históricos de una movilización pacífica pero necesaria para salvar a los argentinos del desquicio y el desgobierno, y a través de los instrumentos legales que la propia Constitución prevé para que ella sea posible

Con asombro de Peje observo que la economía país se deslizó por una dramática pendiente: es especulativa de modo patológicos, en la cual desde  el gran empresario hasta el más pequeño de los kiosqueros joden en forma sistemática a los que siempre terminan jodidos, los trabajadores, todos aquellos que viven de un salario o ingreso popular.

Entonces, una vez más…Qué culpa tiene el tomate, que está tranquilo en la mata y viene un hijo de puta y lo mete en una lata, y lo manda pa’ Caracas… Cuándo querrá el Dios del cielo que la tortilla se vuelva, que los pobres coman pan y los ricos mierda, mierda…

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