“Zanagorias” a la francesa para Troilo y Cátulo

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Qué parada difícil de bancar, aunque todo sea apenas una fantasía: cocinar para los enormes, para dos mitos, dos leyendas, de la cultura ciudadana de los argentinos, Aníbal Troilo “Pichuco” y Cátulo Castillo, autores del tango de hoy, Y a mí qué (1962)…Y para ella, la de la voz inconfundible, Elba Berón.

Si el mundo revirao golpeándote te tira pa’ un costao de la pared…Si el vento es un suspiro y el día tres ya se piantó de yiro y queda el mes…Si al fuego de la fragua todo fue, y el jugo de paraguas hoy es café…Servime de testigo: ¡tené fé!…gritá, gritá conmigo, viejo ¿y a mí, qué…? Y pensar que allá en la rama con mano mansa me criaste, mama…¡Pobre mama..! En la balanza fui, justo, un drama pa’ tu esperanza…¡Un fracasao…!¡El careta…!¡La perdición…! El que apostó en la mosqueta su corazón…Pero ya ves, sos mi Dios. Juntito a vos, yo no sé más que gritar: ¿Y a mí qué? Si todo ya está usao: la yerba, el té…y el dato que todo han dao de mala fe…Si aquella pobre grela no da más y hoy banca su quiniela el Juez de Paz…Si el Santo de la historia es un ladrón y alterna el Zanagoria con Napoleón. No se te importa un higo…Gritá conmigo: Mama… Y a mí qué

 

Y he aquí nuestra receta inspirada en la letra del tango de hoy, que nos llevó hasta Les carottes Vichy (zanahorias Vichy) tienen su nombre de la ciudad de Vichy en Francia, conocida por sus aguas termales y siempre con dolor y angustia recordada por haber sido la capital del régimen de Vichy al Estado títere de los nazis encabezado por mariscal Philippe Pétain (1940-44).

Dicen que allí se inventaron las  zanahorias glaseadas, aunque como casi siempre esas afirmaciones de fechas y apariciones leyendas son.

Y sí que son tiernas y con un equilibrado sabor entre el dulce y el salado. Ideal compañía para carnes y pescados, se los aseguramos

Para una cena con cuatro comensales, dos kilos en piezas medianas, dos o tres cucharadas de manteca y una taza de crema lo más espesa posible, una pizca de sal y un tantito más de azúcar. Tener agua a mano, y un picado de perejil y ciboulette o cebollín, que es lo mismo.

Pelar, lavar y cortar las zanahorias en rodajas finas. Colocarlas en una olla y cubrir con agua. Añadir la manteca, la sal y el azúcar.

Que bulla y que la cocción se prolongue hasta la completa evaporación de los líquidos, para lograr la más brillante de las caramelizaciones. Añadir el perejil picado, el cebollín y la crema entibiada, remover y servir.

Para el postre, unos recortes de queso de cabra semiduro con higos en almíbar, que por nuestras comarcas se consiguen de los buenos y artesanales.

Para las copas, que nuestro tango sepa a un tinto Bonarda…Por que sí nomás, y ¡salud!

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