Cuando la Moscatel viene marchando
Reproducimos el más que interesante texto de colega Marcelo López Álvarez, Vitivinicultura: la paradoja de la uva Moscatel, auge exportador y resistencia cultural, publicado el15 de este mes por el Sitio Andino.
La uva Moscatel vive una paradoja: récord exportador, caída del viñedo y una silenciosa reinvención productiva y cultural en la vitivinicultura argentina
En el complejo entramado de la vitivinicultura argentina, pocas variedades han demostrado una capacidad de resiliencia tan notable como la familia de las uvas Moscatel, esas mismas de las parras familiares y que comprábamos en las verdulerías, y ahora se exportan al mundo como nunca antes.
Hacia mediados de esta década, y tras cerrar un 2024 con cifras récord en el comercio exterior, la situación actual de esta cepa histórica presenta una interesante dicotomía: mientras sus derivados industriales, el mosto y las pasas, sostienen la balanza comercial, la superficie implantada continúa su lenta retracción frente a la presión inmobiliaria y el recambio varietal. Sin embargo, lejos de desaparecer, la Moscatel protagoniza una reinvención silenciosa que oscila entre la masividad del granel y la sofisticación de nuevos nichos de consumo.
El motor industrial: mosto y pasas
Para comprender la vigencia de la Moscatel en la matriz productiva basta observar los números del último ciclo comercial. Según los reportes del Observatorio Vitivinícola Argentino, basados en datos del Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV), el año 2024 cerró con un crecimiento exponencial en las exportaciones de productos donde esta variedad es protagonista indiscutida.
El jugo concentrado de uva o mosto, cuyo insumo principal en Mendoza es la Moscatel Rosado junto a otras variedades criollas, experimentó un salto importante. Las exportaciones de mosto alcanzaron los 132 millones de dólares, frente a los 76 millones del período anterior, duplicando el volumen enviado al exterior hasta superar las 82.000 toneladas. Este dinamismo se explica por la demanda internacional de endulzantes naturales, mercado en el cual la Argentina se posiciona como jugador importante gracias a la neutralidad y riqueza azucarina de estas uvas.
Paralelamente, en la provincia de San Juan, la Moscatel de Alejandría reafirmó su estatus de “oro blanco”. El sector de pasas de uva vivió un año histórico en 2024, con exportaciones que ascendieron a 43.515 toneladas, lo que representó un incremento del 70% interanual y una facturación cercana a los 82 millones de dólares.
Este fenómeno ha permitido a los productores sanjuaninos encontrar en la pasificación un refugio económico ante la volatilidad del mercado de vinos, aprovechando la capacidad de la variedad para el secado natural bajo el sol cuyano.
La crisis de rentabilidad y la reducción del viñedo
No obstante, el éxito en los puertos no se traduce linealmente en prosperidad para el productor primario. La superficie cultivada con Moscatel Rosado y Moscatel de Alejandría ha sufrido una erosión constante. Si bien a principios de siglo la Moscatel Rosado superaba las 10.000 hectáreas, los registros más recientes indican una caída superior al 46% en las últimas dos décadas.
En la actualidad, Mendoza concentra el 97,3% de la superficie de Moscatel Rosado, con el departamento de San Martín como epicentro, aglutinando casi el 27% del total provincial.
Más allá de los volúmenes industriales, la uva Moscatel atraviesa un proceso de revalorización cultural y enológica. La tradicional dicotomía entre “uva de mesa” y “uva de vino” se ha desdibujado gracias a la labor de bodegas que han apostado por rescatar el patrimonio de los viejos parrales.
El fallecimiento de Carlos Crotta en abril de 2025, nieto del fundador de la bodega homónima y referente de la industria en la zona Este de Mendoza, marcó un momento de reflexión sobre el legado de esta variedad.
La familia Crotta fue pionera en la popularización del vino Moscato en la gastronomía porteña, consolidando el maridaje cultural de “pizza y moscato” que sobrevive hasta hoy.
Sin embargo, la innovación no se detuvo en la tradición: nuevas líneas de productos buscan acercar la Moscatel a consumidores más jóvenes a través de vinos más frescos, con menor graduación alcohólica y perfiles aromáticos florales y cítricos, alejados de la pesadez de los antiguos vinos generosos.
Asimismo, se observa un resurgir de la categoría de vermuts y aperitivos elaborados a base de Moscatel, aprovechando la riqueza de terpenos característica de la variedad que le otorga su inconfundible aroma almizclado. En el mercado interno, aunque el consumo general de vino ha descendido, estos nichos específicos muestran un dinamismo que ofrece una alternativa de valor agregado frente a la commoditización del mosto.
Una variedad en encrucijada
La uva Moscatel en Argentina se encuentra en una encrucijada. Por un lado, demuestra una vitalidad comercial envidiable como insumo base para la industria de jugos y pasas, generando divisas y sosteniendo el tejido social de departamentos enteros en San Juan y Mendoza. Por otro, enfrenta el desafío de la sostenibilidad agrícola ante márgenes exiguos y la competencia por el uso del suelo y el agua.
Su supervivencia dependerá no solo de la coyuntura de los precios internacionales, sino de la capacidad de la industria para poner en valor su identidad. Ya sea como endulzante natural para el mundo o como vino de autor que recupera la historia de la inmigración, la Moscatel sigue siendo, contra todo pronóstico, un pilar insustituible de la vitivinicultura nacional.
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