Pollo y pescado para flotar como una mariposa y picar como una avispa

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Muhammad Ali no solo entrenaba de forma diferente; comía de forma diferente, lo que contribuyó a redefinir el cuerpo de un atleta. Un texto tomado del sitio Eats History.

Muhammad Ali alcanzó la grandeza en una época en la que la nutrición deportiva aún era primitiva para los estándares modernos. En las décadas de 1960 y 1970, muchos boxeadores recurrían a comidas copiosas, centradas en la carne, cerveza para obtener calorías y duras tácticas de pérdida de peso.

Ali rechazaba gran parte de esa cultura. Su enfoque alimentario reflejaba su enfoque del boxeo: más ligero, más rápido y con un propósito definido.

Ali prefería comidas sencillas y saludables que fomentaban la velocidad y la resistencia en lugar de la masa muscular. Comía abundantes proteínas magras como pollo, pescado y huevos, a menudo acompañadas de verduras y porciones moderadas de carbohidratos.

A diferencia de muchos boxeadores de su época, evitaba las comidas pesadas y grasosas, especialmente durante los campamentos de entrenamiento. Comprendía que sentirse ligero era tan importante como sentirse fuerte.

El desayuno de Ali solía ser sencillo: huevos, tostadas, fruta y jugo. El almuerzo y la cena se centraban en el equilibrio en lugar del exceso. No seguía una dieta específica, pero su estilo de alimentación se alineaba naturalmente con lo que hoy llamaríamos nutrición basada en el rendimiento. Se alimentaba para el movimiento, no para ganar volumen.

Ali también era muy disciplinado con los tiempos. Durante los entrenamientos, evitaba comer en exceso y priorizaba la constancia. No creía en pasar hambre para alcanzar el peso, pero también evitaba los excesos al prepararse para una pelea. La comida era parte del entrenamiento, no una recompensa.

Más adelante en su vida, la relación de Ali con la comida evolucionó junto con su fe. Tras convertirse al islam, ayunaba durante el Ramadán siempre que era posible y se volvió más consciente de la moderación.

Esto añadió una capa espiritual a sus hábitos alimenticios. La disciplina ya no se limitaba al boxeo. Se trataba de carácter.

Lo que hacía notable la dieta de Ali no era su complejidad, sino su moderación. En una época en la que muchos atletas buscaban tamaño y potencia, Ali se mantuvo delgado.

Su velocidad, juego de pies y resistencia se sustentaban directamente en su alimentación. Demostró que la grandeza no requería excesos, sino control.

El legado de Muhammad Ali se narra a menudo a través de sus palabras y sus peleas, pero su comida cuenta una historia más discreta: una historia de disciplina, intención y respeto por el cuerpo como herramienta, no algo de lo que abusar.

En un deporte basado en el castigo, Ali trataba su cuerpo como un instrumento de precisión. Y su dieta le ayudó a «flotar como una mariposa» mucho antes de que la ciencia pudiera explicar por qué funcionaba.

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