Naranjo en flor, pero fresco y de la legendaria Giol

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Era más blanda que el agua, que el agua blanda, era más fresca que el río, naranjo en flor. Y en esa calle de estío, calle perdida, dejó un pedazo de vida y se marchó…Primero hay que saber sufrir, después amar, después partir y al fin andar sin pensamiento…Perfume de naranjo en flor, promesas vanas de un amor que se escaparon con el viento. Después…¿Qué importa el después? Toda mi vida es el ayer que me detiene en el pasado, eterna y vieja juventud que me ha dejado acobardado como un pájaro sin luz. De los hermano Homero y Virgilio Expósito. ¡Qué tango! (1944).

Pero nuestro naranjo de hoy es vino, de uva criolla y con la etiqueta Giol, una leyenda de la vitivinicultura argentina, ahora de Fecovita.

Quienes integramos Fecovita estamos orgullosos de pertenecer a una organización construida y afianzada por las miles familias de productores integradas en 29 cooperativas distribuidas en la provincia de Mendoza con la finalidad de darle sostenibilidad a cada una de ellas. Somos una empresa de capitales argentinos y de aquí nos proyectamos al mundo. Nuestro ADN, basado en el bien común, nos impulsa a consolidar nuestra cadena de valor.  Así dice el productor vitícola y presidente de esa cooperativa, el ingeniero Rubén Panella.

Somos uno de los principales grupos vitivinícolas a nivel mundial. Nucleamos a más de 5.000 productores integrados en 29 cooperativas, que trabajan unas 25.000 hectáreas de viñedos en las zonas vitivinícolas más apreciadas de Mendoza, generando un futuro sustentable a miles de familias, mediante la inversión genuina, el aporte de la tecnología, la mejora continua de la calidad y la proyección internacional de sus productos, de la mano de marcas emblemáticas. Tomado este párrafo también de la página Grupo Fecovita.

Y ya sobre el vino de esta ocasión, su naranjo de uva criolla, aclaran: Se cosechan las uvas en su momento óptimo de maduración. Luego, en la bodega, se realiza la fermentación con levaduras seleccionadas utilizando el grano completo de la uva. Ese contacto con el hollejo le otorga su color tan particular. Finalmente, se estabiliza, se filtra y se embotella.

La ofrecen a 5.200 pesos la botella (31.200 la caja de seis).

Sobre la uva criolla, interesante un texto del ’25, del colega Fabricio Portella, publicada por el diario Infobae.

Hasta hace muy poco el único vino autóctono en alcanzar reconocimiento era el Torrontés. Pero ha surgido otra cepa, a tono con la tendencia mundial de revalorizar lo propio como ventaja diferencial. La Criolla fue traída por los misioneros llegados de las Islas Canarias, quienes la propagaron de norte a sur del continente. Y que luego se convirtió en diferentes cepas según su territorio: Misión en Estados Unidos, País en Chile y Criolla en la Argentina.

Se trata de un grupo de uvas muy dispar, todas hijas de diversos cruzamientos a partir de Moscatel de Alejandría y Listán Prieto, entre otras. Se sabe que, desde hace siglos y hasta comienzos del XX, las uvas se plantaban mezcladas, por lo que se polinizaron entre sí.

Respecto de la legendaria Giol, el sitio Saber Salir nos recuerda.

Con más de 125 años de historia, la emblemática marca se reinventa de la mano de Fecovita con una propuesta que mira al futuro sin olvidar sus raíces. De esta manera lanza al mercado una línea de vinos de uvas criollas: Clarete, Blanco y Naranjo. Además presenta su nuevos vermuts Paradoja, en sus versiones Bianco y Rosso.

La bodega fue fundada en 1898 por los inmigrantes europeos Juan Giol y Bautista Gargantini. La historia de Giol se remonta a los albores del siglo XX, cuando, en apenas una década, sus fundadores transformaron una pequeña bodega alquilada en la bodega más importante del país, con una producción de 30 millones de litros de vino en 1909. Tras la separación de la sociedad original en 1911, Giol continuó al mando de la empresa junto al Banco Crédito Español del Río de la Plata, consolidando un legado que atravesó generaciones.

La empresa pasó a manos del Estado provincial de Mendoza en 1954, y en 1990 fue adquirida por Fecovita, cooperativa que hoy la gestiona, integrada por más de 5.000 familias de pequeños productores. Ese cambio marcó el inicio de una nueva etapa más colaborativa y sustentable.

Hace tiempo ya que los naranjos están ganando simpatías entre las gentes bebedoras de vino, y en buena hora porque los hay de muy buena calidad.

Y el de Giol es notable. En su relación precio calidad, imposible de superar; bueno como todos los vinos de Fecovita.

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