¿Qué fue de tu vida Bay Biscuit?
No queremos significar que ya no existen; sí que perdieron popularidad, que no se los ve con facilidad en las góndolas de los supermercados ni mucho menos en panaderías.
Recuerdos, simplemente recuerdas. Competían con las vainillas, ellas sí con su permanente vigencia, a la hora de acompañar el vaso de leche fría, con o sin cacao batido, y sobre todo en meriendas de primavera y verano. ¿Se acuerda la veteranía? Porque ni nos atrevemos a hablar de aquella crocante y dulce galleta alargada entre las jóvenes generaciones; y ojalá que surjan voces lectores que nos digan, estáis equivocados, nosotros le entramos a los Bay Biscuit con endemoniado valor.
Si revisan las redes verán que entre videos y blogs los de la IA se las arreglan para contar algo que es bastante acertado.
Los Bay Biscuit habrían nacido entre los pliegues de la vieja repostería europea, que busco la elaboración de galletas duraderas para entremeses y tentempiés durante viajes prologados.
El vocablo biscuit es hijo de aquél francés de otros tiempos bis cuit, o doble cocción, primero el horneado de un bizcochuelo para luego un segundo en porciones ya deshidratadas y a baja temperatura.
Dicen por ahí que los primero se habrían elaborado allá por el XIV pero de lo que si damos es que por estas tierras del Plata hace casi un siglo que pueden disfrutarse.
Esta vez, nosotros nos quedamos con los de Paul Cézanne (1839 – 1906) en su óleo sobre lienzo Manzanas y galletas, de 188 y del cual el Museo de la Orangerie nos cuenta:
Este lienzo es una de las obras maestras más brillantes de Paul Cézanne y un símbolo de su gran maestría en la naturaleza muerta. Cézanne crea una composición perfectamente equilibrada utilizando solo un plato y unas pocas manzanas dispuestas sobre un cofre. Su exploración de la estilización de las formas y la representación del volumen a través del color se desarrollan plenamente en esta pintura. Cézanne pintó numerosas naturalezas muertas cuando el género era algo minoritario y estaba descuidado; quería restaurar su prestigio. ¡Con una manzana, quiero asombrar a París!
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