Ni de, ni a, ni a la; mejor una Pomatomidae

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O papeles recobrados de El Pejerrey Empedernido. Son de hace unos cuantos años, pero lo escrito entonces más o menos pudo haberlo sido en los tiempos presentes.

¡Qué tuuul! Los maté, o me van a decir que entendieron lo de título. Tranquilino de Floresta me explicó un día que, ante la incertidumbre, mejor a la parrilla.

Los sabedores de ciertos temas van a decirme que puedo confundirlos con el savorín o el limón, que no el fruto amarillo y acido rico (¡ojo!), pero de ninguna manera, porque ella es de testa grande, que le dicen, nadie sabe si por inteligente (seguro que no) o por tozuda (seguro que tampoco).

Su cuerpo es fusiforme, tirando a poco esbelto, pero sus seguidores y admiradoras somos muchos y muchas; nunca muches, que aquí se escribe en español, o más o menos.

Hocicona la doña y para nada grandota; qué quieren que añada, si acaso contarles que su altura máxima jamás superará las cuatro veces su anchura.  Y también que de narinas regulares es, y dorso verde azulado y barriga plateada.

¡Con ustedes la Pomatomidae!, que le dicen anchoa de banco, hija dilecta del Atlántico Sur y por otras aguas desconocida también pero más reticente a la hora de aparecer, tanto ello fue y es así que recuerdo una atardecer de cocina entre escribas italianos, allá por la surera Sicilia, para quienes sobre una parrilla ya al rojo de las brasas entraban en su punto algunas sardinas envueltas como en tul pero de jamón crudo, con berenjenas cocidas en vino blanco y aceite de oliva, para putear de picantes.

Y les dije no saben que sabrosura estarían probando ustedes si sobre estos fuegos bailasen sus mazurcas de calor mis amigas la anchoas de las playas argentinas, y abrí los brazos exagerando hasta casi el metro, y ¡sí claro! me dijeron, porque no has probado los pulpos del Tirreno, que hablan en inglés; y se rieron antes de la primera lágrima que se avecinaba, consecuencia ineludible de todo gran confiado en sí mismo frente a las Berenjenas del Infierno, que, les digo, están entre mis preferidas.

Y no me pregunten por qué este texto va así tanto de corridito, puede ser me haya olvidado los puntos aparte en la casa de algún pariente, aunque hace tanto que no visito a ninguno que tal vez se me prendieron fuego el domingo pasado, a la hora de acometer con la parrilla, justo de anchoas embadurnadas con el olio que acabo de mencionar, salido del amasijo de aceitunas; frotadas con un pasta de romero, ajo, alcaparras y albahaca, y enlimonada un tanto son sal y pimienta sin exagerar.

Es que el viernes me había puesto a pensar en esa anti castellana costumbre que guardan los escribientes de pizarras, pizarrones, menúes y no sé cuantos soportes más del físico para la letra culinaria, en los muchos boliches, restós – Já Já esa palabra afrancesadita, si por estas comarcas me suena a envido, flor, contra flor al resto y truco, quiero retruco, vale cuatro -, bodegones o tal como ustedes prefieran nombrarlos, total todos sabemos sobre que estamos hablando (escribiendo y leyendo, cada cual atiende su juego); esa mala costumbre, en fin, de hacer mezcla sin medidas ni tones ni sones con las tan maltratadas preposiciones de nuestra lengua.

Vieron que está de moda ofrecer wok de verduras grilladas, es decir que el artefactuelo llamado wok sería de materia vegetal en vez de servir de continente para algunas verduritas chamuscadas, por ejemplo; menos escandaloso es el lomo a la pimienta, aunque cuanto más claro resulta un lomo con pimienta; ni que hablar del pollo o lo que fuere en sus jugos, otra vez mejor con, dice la maestra ciruela, quien sabe a compota, y no como la reina batata o don membrillo cuando al fresco o al viejo Mar del Plata, vayan ustedes a encontrarlo con ese nombre, que sabe a lo que es: queso y dulce.

En fin, la historia puede ser tan interminable y triste como esperanza de pobre, diría mi abuela, ella pobre cero al as en materia de pescados pero una sabia alquimista a la hora de los panqueques con, sí, con, dulce de leche.

Y así fue que la anchoa salió para recontrachuparse los dedos…otro día la seguimos.

 

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