Flat White, Latte, Avocado toast y otras tantas tilinguerías

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Que son furor millennial y hipster, es decir entre caretas y chetoides, parroquianos que se dicen cool, los tranquilinos de otras eras pero ahora de corte clasista, de esas capas acomodadas entre los difusos sectores medios que según sean progres o sólo idólatras de la mercancía, hacen como si viviesen en Paris (tal vez Nueva York) o Miami, mientras alrededor de su pilchas de moda, cerca de la mitad de la población de este país se debate entre la pobreza y la indigencia.

¡Y ojo! No nos tiramos contra ciertos buenos y hasta muy buenos cafés que se pueden beber en los breves establecimientos que de tanta moda aparecen con hongos después de la lluvia en las callecitas de Buenos Aires que tiene ese no sé qué, viste.

Se trata de locales, equipamiento y personal de bajos costos comparados con los de los bares y confiterías tradicionales de la bendita y adolorida Buenos Aires, pensados para tilingos, que son sujetos afectados y pretensiosos; pelotudos en fin, si aceptamos que esa categoría, que no es sinónimo de boludos (es decir tontos) está integrada por quienes transitan sus vidas diciendo y haciendo boludeces (es decir tonterías) pero convencidos de que las mismas son verdades sabias y sacrosantas.

Allí, en los tan mentados cafés de especialidad –supuestamente dedicados a variedades cafeteras de altísima calidad y calificadas y certificas por dos corporaciones, la Specialty Coffee Association (SCA) y el Coffee Quality Institute (CQI) -, y para ellos y ellas, los tilingos, se impusieron las palabrejas de nuestro título.

El Flat White, que es un espresso doble con poca leche, más conocido como cortado doble; y el Latte, una suerte de café con leche. Podríamos seguir con otras posibilidades, con el Lungo, por ejemplo, un café doble y más liviano que el espresso simple; y el importado de Italia, el ristretto, fuerte, intenso, que aquí supo decírsele café corto.

Y también ofrecen dulcería, panadería y breve variedad de salados, comprado todo a un selecto grupo de proveedores más o menos jóvenes que se impusieron con otras de las modas tan porteña como tilinga, las panaderías y factorías dedicadas a la masa madre.

Y otra vez. No se piense que estamos en contra de esa milenaria técnica de panificación; sí de su falsificación y frivolización; a propósito, conductas tan usuales en el mundillo al que se refiere este breve texto.

Se trata de comeres breves que desprecian por condición de clase a la confitería tradicional, más a allá de sus calidades sino porque hay que hablar y escribir al estilo neoyorkino; es más cool, ¿viste?

Entre las denominaciones citadas a la hora de picar algo salado (sepan disculpar los cool lo de picar), la más absurda es, sin dudas ni perdones, el Avocado toast, nuestra tostada con palta pisada, a la que los de la Gran Manzana y los australianos rebautizaron…Y la tilinguería compró…

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