La venganza de los huevos fritos no tendrá piedad
No defendemos cánones, mucho menos si sobre el comer, el beber y sus gustos se trata; tanto que para nosotros el mejor vino es el que más te gusta, el que más disfrutás entre los que podés comprar, pero de ahí a la impunidad, no; jamás.
Siendo que el consenso acerca de la adoración de los huevos fritos como platillo es universal, o más o menos, y que hay coincidencia entre los que saben cocinar – pedorros influencers y cocinerillos para comensales con aspiraciones abstenerse – en torno a que son un arte en su hacer, casi una prueba para quienes se entreveran con las hornallas, el párrafo que sigue nos suena al menos poco feliz.
Los huevos fritos no son los más ricos, están mucho mejor si se hacen con pan duro, leche, ajo y salsa de pimentón. Pertenece a un artículo de la colega Liliana Fuchs, publicado por la muy buena página de recetas Directo al paladar que pasamos a reproducir desde el disenso.
E imagínense cuantas diferencias diferencia podemos tener con el mismo ya casi en sus comienzos afirma lo siguiente: Confieso que aborrezco los huevos fritos (…)…Sin comentarios.
Sin embargo, rescatamos lo que sigue ahora si citamos…
Me gustan cocinados de mil maneras, pero no puedo con la textura que cogen al freírlos, tengan o no puntilla, esté la yema melosa o totalmente hecha. Y no es por tener manía a la fritura, pues hay otras maneras de freír los huevos que nos han enseñado las abuelas para que queden mucho más ricos y nutritivos. Es la fabulosa cocina de aprovechamiento
Las viejas recetas de aprovechamiento como los huevos tontos o repápalos convierten el huevo en un plato mucho más completo, sabroso y reconfortante
Nos referimos a elaboraciones que mezclan huevo, pan duro y leche, un trío versátil del que no solo salen torrijas. Tenemos como ejemplo los huevos tontos, nombre popular que no debe distraer de la maravilla de su naturaleza: una especie de buñuelos que se prepara mezclando pan duro remojado en leche, huevos, ajo y perejil. Son especialmente populares en Aragón y zonas cercanas, pero también adquieren otras formas en otras zonas de España.
Tenemos así los suculentos repápalos extremeños, que tienen también su versión dulce. Básicamente son unos huevos tontos que, después de freírlos, se incorporan a una cazuela con una salsa sencilla a base de cebolla, vino, pimentón y caldo. Ingredientes humildes y básicos que pueden convertir un huevo frito en algo completamente distinto y mucho más sabroso.
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