Si no te emborrachaste con Dios aún no aprendiste nada

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Esta vez, la redacción debió pedirle prestado a su editorialista alguna de la historias que él seguro guarda en su coleto, después de tanto tiempo en diálogos reservados con su fuente especial; todo bajo promesa de no revelar identidades, para que amigos y enemigos no vayan a tildarlo a quien hable, de borrachín o epíteto similar.

La primera observación que nos hizo nuestro editorialista fue la siguiente: Sé que esta historia va sobre el pulque, esa bebida que surge del maguey, entonces no hablen de Dios; deben hacerlo sobre dioses, que además ese plural es mucho más poderoso y enigmático.

Y contó: hace un tiempo ya un andariego francés, capturado por la magia mexicana, la del ahorita y el mande, una que habla de la futilidad del reloj y la otra de un resabio del decir del conquistado pero que, resignificada, es de una galanura muy particular; trotamundos vendedor de vinos y licores, andaba el francés en cuestión de aquí para allá con su enamorada, chilanga que no güera sino de tonos de trigo profundos, cuando un día ella le dijo: iremos a beber.

Y hacia una pulquería en el camino a Puebla marcharon.

Estacionaron en el descampado aledaño al local medio rumboso, apeáronse y a una mesa grande de madera se sentaron, bajo la galería. Y las jarras de pulque fueron llegando.

Llegó el final, como si José Alfredo Jiménez cantara, lo hizo en un castellano extraño el francés, ante la mirada de ella, la chilanga, que también de viaje estaba:…entonces yo daré la media vuelta y me iré con el sol, cuando muera la tarde.

Detuvo su canto y preguntó: qué hacemos acá, dónde están los dioses con los que bebimos y nos abrazamos.

Sobre el origen del pulque, y según publicara el año pasado la revista Milenio, de México, las antropólogas Patricia Fournier García y Lourdes Mondragón Barrios alguna vez explicaron que se trata de una bebida originaria del centro de ese país y que su preparación data desde antes del año 100 a.C.

Y en El pulque, la bebida de los Dioses, la antropóloga y periodista Sonia Iglesias y Cabrera explica: Como se puede apreciar en el Códice Laud, los aztecas retomaron fuertemente en su tradición religiosa a la figura de Mayáhuel, la diosa del maguey mixteca, y la de Patécat, el dios de la medicina y del peyote, quienes “crearon juntos el pulque», y que adquirieron un significado místico y ritual para el grueso de los pueblos mesoamericanos (…).

Asimismo comenta el medio citado: El consumo del pulque era considerado digno de los dioses y constituía un símbolo ritual de carácter político y religioso. Su consumo estaba restringido a los sacerdotes, a la nobleza y a los ancianos; sin embargo,  en algunas fiestas y ceremonias el consumo de éste era permitido incluso para los niños.

Tras la Conquista del español, el pulque perdió su condición de sagrado, durante dos siglos su consumo se expandió en la sociedad y su producción pasó a ser de gran importancia en el marco de la actividad económica.

La misma publicación, Milenio, cita a Rodolfo Ramírez Rodríguez, doctor en Historia y Etnohistoria, quien en su libro La querella por el pulque y al referirse a los tiempos acaecidos tras la Revolución Mexicana, dice: El hundimiento de la industria pulquera ocurrió también en un periodo donde el Estado, en su afán modernizador, etiquetó al pulque como una bebida indígena, arcaica y antihigiénica, vinculada con la criminalidad y la degeneración social. Tanto sucedió así que hubo una época en la que el consumo de pulque fue penado por la ley.

En el artículo La época de oro del pulque en México, de Jazmín Martínez, en febrero del ’20, la revista digital Gourmet de México cuenta: No fue sino hasta los noventa que el pulque empezó a salir de su ostracismo, cuando colectivos punk comenzaron a servirlo durante sus fiestas, como una clara oposición a la venta de cerveza, símbolo del capitalismo (…). La reinserción triunfal del pulque a la vida bohemia de la Ciudad de México ocurrió gracias a la apertura de la Pulquería Los Insurgentes en el año 2009 (…). El pulque encontró su camino hacia los restaurantes de alta cocina donde se le ofreció un lugar en recetas y en cartas de bebidas. De forma paulatina la industria se recupera y aunque es muy optimista pensar que pudiera volver a tener la importancia que tuvo a finales del siglo XIX, esta bebida dejó de ser un vestigio para convertirse una vez más en algo de consumo cotidiano.

Siempre viene muy bien un poco de Historia, sobre todo si de beber con los dioses se trata.

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