En el Roldós no hay desencuentros

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Otra vez, un Tango a la parrilla. Y otro lujo que nos damos al contar otra vez con el maestro Julián Graciano; como ya lo dijimos: él y su cuarteto, los mejores entre las nuevas generaciones del tango contemporáneo.

En esta oportunidad, Desencuentro (1962), con música y letra de dos sagrados, dos genios: Aníbal Troilo y Cátulo Castillo.

Claro qMedio y Medio: un poco de historia y preparación - itMontevideoue en la guitarra de Graciano ese universo musical se transforma en polifónico de cuerdas, y como en otras tantas de sus interpretaciones, los sonidos del mejor jazz se  entrelazan con los fuegos del mejor tango.

Ustedes querrán escucharlo ya, pero, mientras lo hacen, les proponemos una breve lectura, algo de la poesía de Cátulo y una propuesta culinaria arbitraria, porque sí, por qué no debería ser así, y anticipada en el título de este texto.

Estás desorientado y no sabés qué «trole» hay que tomar para seguir. Y en este desencuentro con la fe querés cruzar el mar y no podés. La araña que salvaste te picó -¡qué vas a hacer!- y el hombre que ayudaste te hizo mal -¡dale nomás!- Y todo el carnaval gritando pisoteó la mano fraternal que Dios te dio. ¡Qué desencuentro! ¡Si hasta Dios está lejano! (…). Por eso en tu total fracaso de vivir, ni el tiro del final te va a salir.

Un galón de hierro traído desde Liverpool en 1868, donde comenzó a funcionar el Mercado del Puerto de Montevideo, que primero fue de abastos. Allí mismo, en 1886, abrió sus puertas el almacén Roldós. Aproximadamente en 1930 se convirtió en bar, luego en restaurante. Un emblema de la gastronomía uruguaya.Variedad de sándwiches de miga - Cocineros Argentinos

Su vino espumoso, el Medio y Medio – corte de moscato y pinot blanc, según algunas versiones – es leyenda, tradición y presente.

Como su variedad en sánguches de miga, los que al entender y saborear de algunos de los Comensales de Tomate, se encuentran entre los mejores del orbe, al menos hace un tiempo atrás…

Y los de mejillones, únicos, gloriosos; sólo para tangueros, y los de Montevideo lo son como sus vecinos al occidente del Río.

Se trata sí, de sánguches con una cualidad cósmica: son gualichos contra el desencuentro; saboreándolos, el tiro del final siempre, sí o sí, nos va a salir.

Pero un tiro de luces, guirnaldas y papel picado de colores, para seguir viviendo.

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