¿Chau churrasco, chau…? O la carne cultivada ataca

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En Argentina, país en el que las carnes ocupan el centro de su cultura alimentaria y envuelto hace mucho por el desquicio económico e inflacionario, por el cual para la mayor parte de la población comer se ha convertido en un lujo – el 50 por ciento de la población es pobre y más del 10 por ciento vive en la indigencia-, el debate abierto en el mundo sobre las posibilidades y conveniencias de la producción de carnes artificiales parecer lejano. Sin embargo no lo es y detrás de sus protagonistas emergen intereses, puntos de vista y hasta concepciones político ideológicas diferentes.

A fines de octubre pasado, en su artículo ¿Se acabó el boom de la carne artificial?: por qué varios países analizan prohibirla, la revista Infocampo – vinculada a las grandes empresas agropecuarias – sostenía que primero Italia, pero también Brasil y Paraguay buscan ponerle un freno al desarrollo de la carnes cultivadas y se pregunta qué pasará en Argentina.

Antes de avanzar: La carne cultivada consiste en tomar células de animales que normalmente producen carne para nosotros y utilizar esas células como fuente de energía para hacer crecer la carne fuera del animal, explica David Kaplan, director del Centro de Agricultura Celular de la Universidad de Tufts (Estados Unidos) en un texto publicado por la revista británica National Geographic.

El ministro de Agricultura, Soberanía Alimentaria y Bosques de Italia, Francesco Lollobrigida, fue claro al oponerse al desarrollo de las carnes sintéticas. Una batalla de civilizaciones. En defensa de la salud de los ciudadanos, de nuestro modelo productivo, de nuestra calidad, de nuestra cultura, simplemente de nuestra soberanía alimentaria, planteó hace poco vía la red social X (ex Twitter).

A su vez el ministerio italiano de Salud sostenía: hoy en día no hay estudios científicos sobre los efectos de los alimentos sintéticos.

Ahora el nuevo partido de la carne sintética se juega en terreno sudamericano. En esta región del mundo la ganadería pisa fuerte y el tratamiento del tema siempre genera polémica entre los productores, sostiene Infocampo, y sobre Paraguay señala que un informe de la cámara de Diputados de ese país sostiene el abroquelamiento de las empresas agropecuarias contra la carne cultivada.

La creación artificial de carne en laboratorios, a partir de células madre extraídas de músculos de animales (vaca, pollo, cerdo), junto con otros elementos (suero fetal bovino, mioglobina, vitaminas, aminoácidos, grasa y tejido conectivo), con alto nivel de componentes químicos, trae consigo inconvenientes para la salud, asegura un documento legislativo.

En Brasil, apunta el mismo medio argentino, el diputado Tiao Madeiros pensó algo similar a lo tratado en Paraguay. Madeiros es representante del Partido Progresista de Brasil por Paraná y presidente de la Comisión de Agricultura de la Cámara.

Pero, y en paralelo a esto, el gigante JBS, frigorífico de escala mundial de capitales brasileños, por estos días aplica una inversión en una fábrica española en San Sebastián, que funcionará como una “planta de carne de laboratorio. La firma hasta el momento destinará 41 millones de dólares. Desde la empresa plantearon que allí se producirá alrededor de 1.000 toneladas métricas de carne sintética por año, con capacidad para expandir la producción a 4.000 toneladas.

Por otra parte, la revista gastronómica italiana Gambero Rosso informaba el 5 de este mes que el Reino Unido invierte 2 mil millones de libras esterlinas en investigación en un programa de investigación biotecnológica que incluye el estudio y la producción de carnes cultivadas. Así lo prevé la Visión Nacional para la Ingeniería Biológica, recientemente presentado por las autoridades británicas.

El Reino Unido no es el único que reconoce la importancia de la ingeniería biológica. La investigación se está acelerando en muchos países. Estados Unidos ha anunciado un paquete de 2.000 millones de dólares, al igual que países como China, Francia, Alemania, Japón, Singapur, Israel y Dinamarca están haciendo La biología de la ingeniería es una prioridad estratégica. Este impulso global crea nuevas oportunidades de colaboración, pero también una competencia sana, y aumenta la necesidad de que el Reino Unido actúe rápidamente. En esta Visión, definimos la forma en que el Gobierno, bajo el liderazgo de DSIT, continuar desarrollando la ingeniería biológica para consolidar el lugar del Reino Unido como líder mundial en este campo. Espero trabajar con socios de todo el gobierno para ayudar a hacer realidad nuestras ambiciones, porque solo si lo hacemos juntos podremos hacer realidad la promesa de la ingeniería biológica, dijo Andrew Griffith, ministro de Ciencia, Investigación e Innovación, según revelaron esta semana diversos medios de comunicación europeos.

Unos meses antes, en mayo de este año, la revista Forbes Argentina consignaba que la  startup de Países Bajos Meatable – una empresa con modelo de negocios surgidos de las nuevas tecnologías – puede producir carne cultivada en menos de dos semanas.

Meatable crea carne cultivada a partir de una sola célula animal utilizando la misma tecnología que se aplica para en la reproducción de células humanas para medicamentos.

Pero para los promotores de las carnes cultivadas, quienes en general sostienen que se trata de una innovación sustentable y útil ante la supuesta escasez de alimentos en el mundo – decimos supuesta ya que según estudios de la FAO, se pierde o desperdicia aproximadamente un tercio de la producción de los alimentos destinados al consumo humano y un informe del FMI del año ’22 reconocía que el problema no es la escasez sino la injusta distribución – surgió un fuerte argumento contradictor.

Un informe de la Universidad de California en Davis (UC Davis) afirma que la carne cultivada actual podría tener unas emisiones de gases de efecto invernadero entre 4 y 25 veces superiores a las de la carne de vacuno. Se basa en un Análisis del Ciclo de Vida (ACV) de algunos de los ingredientes clave utilizados para cultivar células animales en biorreactores, asumiendo componentes de calidad farmacéutica que requieren una fabricación intensiva en energía.

Siempre según Forbes Argentina, un análisis de CE Delft – una empresa también de Países Bajos-  publicado en 2021 dice lo contrario. Estima que, si más del 30% del uso de energía se obtuviera de forma sostenible, la carne cultivada sería más sostenible incluso que la cría de pollos. Su evaluación más positiva sugiere que la carne cultivada podría reducir los efectos del calentamiento global en un 92% en comparación con la carne de vacuno convencional.

Sin embargo, la Universidad de Oxford ya aclaraba en 2019, que esas ventajas en torno a emisiones futuras relacionadas con la carne cultivada dependen en gran medida del grado de uso de energías renovables y de la eficiencia del proceso.

En tanto, en su artículo Carne cultivada: ¿El futuro de la alimentación?, publicado por el diario de Buenos Aires Ámbito Financiero, la colega despliega un más que interesante resumen, que pasamos a reproducir.

El desarrollo de la carne cultivada in vitro empieza a crecer en todo el mundo y busca ser una alternativa sustentable generada a partir de células animales. El 70% de las enfermedades emergentes provienen de animales

Ante una creciente preocupación a nivel mundial por el daño ambiental que genera la producción ganadera, un grupo de científicos de la Universidad de Maastricht en Holanda se dispuso hace diez años a desarrollar el primer prototipo de hamburguesa in vitro. La carne cultivada busca ser una alternativa alimenticia más sustentable producida a partir de la tecnología de tejidos, aplicada habitualmente en el ámbito médico, que permite la multiplicación en laboratorio de las mismas células que producen la carne en el animal.

A diferencia de otras alternativas vegetales que buscan reemplazar el sabor de la carne, en este caso la materia prima sigue siendo la misma. El proceso consiste en extraer células de un animal, que luego se alimentan con nutrientes como proteínas, azúcares y grasa para generar, a partir de una célula, una porción entera de carne.

Desde 2016, la empresa B.I.F.E (Bio Ingeniería en la Fabricación de Elaborados) continuó con esta iniciativa en Argentina y desde entonces trabajan en la producción de carne cultivada. Se trata de una dependencia del laboratorio Craveri, especializado en medicamentos, que hace más de veinte años utiliza la tecnología de tejidos, en primera instancia aplicados para tratamientos médicos, y actualmente trasladados a la producción de alimentos. Con la experiencia médica previa, afirman que llegar al primer prototipo de carne fue «bastante sencillo» ya que implementaron «el mismo mecanismo de reproducción de células pero con un fin de alimentación».

El objetivo fundamental de la empresa es trabajar en un producto que solucione el problema de falta de alimentos para las siguientes generaciones y que se pueda elaborar de manera sustentable. Aseguran que a diferencia de la producción tradicional de carne vacuna, la cultivada consume un 45% menos de energía, ocupa 99% menos de terreno, genera 95% menos gases invernaderos e implementa 96% menos de agua.

Laura Correa, Coordinadora de la División Bioingeniería del Laboratorio Craveri, trabaja en el proyecto desde sus comienzos en 2016 y sostuvo, que «la carne cultivada no quiere reemplazar a la carne tradicional, sino empezar a equilibrar y con este tipo de tecnologías evitar seguir generando daños al planeta que en algún momento no va a servir más para producir carne».

Una de las principales dudas que surgen a partir de la carne elaborada en laboratorios es qué tan seguro es el consumo de este producto para humanos. Al respecto, Correa asegura: «Nosotros que estamos involucrados en medicamentos sabemos la trazabilidad, el control de los procesos y las exigencias que tienen este tipo de elaboraciones. Hacen que los productos realmente sean seguros para el consumo».

En ese sentido concluye que «la carne cultivada sí puede garantizar el proceso completo. La idea es que esta tecnología sea transparente y que el consumidor sepa exactamente qué es lo que está consumiendo».

Por otro lado, resalta que el cuerpo no tendrá complicaciones a la hora de procesar este alimento ya que tiene la misma composición biológica que la carne de vaca, la diferencia está en su desarrollo. «Lo que le va a llegar al consumidor es un proceso que no es sintético sino que imita biológicamente lo que estaría pasando dentro del animal», explicó.

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