¡Salud obreros y anarquistas, que llegó la hora del aperitivo!

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Aunque los tiempo que corren por estas tierras no sean muy propicias para brindis, y menos para los trabajadores de un país que tiene al 50 por ciento de su gente en la pobreza y la informalidad, siempre hay que estar dispuestos para un ¡Salud!; a como sea y con lo que sea.

Y aquí contamos con un aperitivo que nació pensado para laburantes y anarquistas, para más datos, el que cono la vueltas de la vida hasta se puso de moda ahora en barras de tragos que buscan originalidades, a veces en forma van o rebuscada, pero valgan los esfuerzos

La historia del Amargo Obrero comienza cuando los inmigrantes italianos Pedro Calatroni y Hércules Tacconi se encontraron en la ciudad de Rosario, que en 1887 recibía a quienes llegaban desde otros países con el objetivo de desarrollarse en una época de crecimiento para las fábricas y puertos de la región. Así lo cuenta el sitio Rosario3.

Ambos, uno empresario y el otro contador, decidieron unirse para elaborar una bebida dirigida especialmente a los varones trabajadores que se asentaban en Rosario por aquellos días, y que se encontraban para tomarlo antes de regresar a casa tras la jornada laboral. Este aperitivo, amargo y contundente, marcaba un contraste con las bebidas dulces que habían sido apropiadas por la burguesía.

La etiqueta del Amargo en letras negras y el Obrero en letras rojas se asociaba con los movimientos anarquistas de la época. Y las ilustraciones que acompañaban al nombre reforzaban esa vinculación: una hoz, espigas de trigo, un puño en alto, un hombre trabajando en el campo, un sol naciente.

Con la crisis vitivinícola de 1950, los fabricantes del Amargo Obrero aprovecharon para lanzar una importante campaña publicitaria. En las radios, se repetía el aviso El trago vistoso para el hombre vigoroso, y también data de entonces el eslogan: El aperitivo del pueblo argentino.

Colocaron carteles con avisos de la bebida en La Boca, Retiro y todos los lugares de concentración de obreros. Además hicieron llaveros, almanaques y ceniceros de lata, rojos y negros.

En 2017, el Amargo Obrero fue declarado como parte del patrimonio cultural de Rosario, debido a su origen popular y a su vinculación histórica con las costumbres sociales a nivel nacional.

En el más que interesante sito de redes sociales Argentina de antaño, uno de sus colaboradores habituales, Luis Alberto Scurati, nos aporta lo siguiente.

Sus creadores mezclaron unas 50 hierbas, entre las que se encontraba la muña-muña, carqueja y manzanilla, además del orozuz, un caramelo, dando como resultado un aperitivo fácil de tomar con una justa graduación alcohólica del 19%.

Su imagen sufrió algunos cambios a lo largo de los gobiernos, ya que, en un momento (1981) se ordenó que toda la iconografía de sus etiquetas fuera eliminada, y sólo mantuviera su nombre delante de los colores rojo y negro.

Actualmente recuperó su antigua imagen y ahora se puede apreciar la etiqueta (con leves cambios) que durante tantos años acompañó a los argentinos.

Un ¡Salud! entonces, obrero, anarco y popular…

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