El bar de Tlalpan y su autora, la Feria y una cazuela

40

Una novela y una novelista. La Feria de Editores FED ’26. Una cena, después, en una leyenda de la cocina porteña, Albamonte.

Bodegón siempre allí, antes que la calle Corrientes llegue hasta  lo que fue parte de la Chacarita de los colegiales, tierras de los jesuitas hasta que los expulsaron del Virreinato pasado mediados del XVIII…¿Y sabían que Chacarita viene del quechua chácara o tierra para los cultivos.

La novela, El bar de Tlalpan. Su autora, Silvia Maldonado. La FED una celebración del libro y de ese movimiento que nació en los ’90 con tres sellos, entre ellos Paradiso, de Américo Cristófalo y Adriana Yoel. El de las editoriales independientes, multitud creativa, casi de tribus, que resisten frente a los embates de la derechosa tragedia argentina y la arrogancia de la poderosas; una épica que seguramente hubiese inspirado a Fantomas contra los vampiros multinacionales (1975), de Julio Cortázar.

Después de visitar la FED, el frio en una noche temprana de agosto. El viento soplaba apenas pero lo suficiente como para desangelar a Corrientes y levantar las solapas de los abrigos. En Albamonte, una botella de tinto y una cazuela generosa de arroz y chabones del mar, que son mariscos, justa en su caldo y cocciones.

Sobre El bar de Tlalpan qué mejor que lo escrito por el también novelista Sergio Olguín en su contraportada, resultado de una extraordinariamente lúcida lectura…

¿Quién fue Ana Filippi, nacida en Colombia y desgraciada en amores? ¿Qué fue de su vida y de su muerte? Viva y muerta, Ana Filippi no dejó de ser una andariega, una mujer militante y decidida. Fue también la más entusiasta animadora del Bar de Tlalpan, un refugio de exiliados latinoamericanos que, bajo el fragor de los tequilas, construyeron una amistad indestructible. Son esos amigos los que van a reconstruir el destino de Ana y su portentoso viaje post mortem cruzando el continente. Novela coral de voces poderosas, que combinan lo íntimo y lo político, en una trama que avanza como piezas de rompecabezas: pequeñas partes que se entrelazan para darnos al final una imagen luminosa de personajes inolvidables: la propia Ana, su hija Simonetta, el escultor Leandro Vicálvaro, el despreciable Moresqui. Sin pretender ser una novela policial, El bar de Tlalpan ofrece giros y descubrimientos prodigiosos. Hay un humor latente que aleja a los personajes de toda solemnidad. Hay también piedad, valientes gestos solidarios y la testarudez de los que no se rinden jamás. Los diferentes narradores también dejan su huella, tanto verbal como ideológica. Silvia Maldonado construyó una novela que se abraza con la mejor narrativa latinoamericana, esa que hace del lenguaje una fiesta. Cada frase, cada página de este libro es un despliegue de cruces verbales de todo el continente. Hace de las variantes regionales una florida lengua común: gesto político y poético, ético y estético. Narrar es recordar. El bar de Tlalpan es una novela que ahonda en el recorrido trágico de una generación. Es un ejercicio sutil pero lacerante de memoria, de duelo y, por qué no, de justicia. O de venganza, que a veces se parece a la justicia.

Sobre la novelista. Además de escritora, Silvia Maldonado es antropóloga y lingüista, egresada durante su exilio de la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH), de México. Fue profesora en la UBA. Convocado durante el gobierno de Néstor Kirchner, se desempeñó como curadora de Letras en la Dirección de Asuntos Culturales de la Cancillería, cargo que desempeñó durante más de 20 años. El bar de Tlalpan es su tercera novela, tras El ícono de Dangling (2007) – entonces finalista del premio Clarín – y La bienaventuranza (2009), también de Paradiso.

De tanto en tanto ayuda a los tomateros – los que hacemos está página-; mejor dicho nos enseña. Y claro, algo más debíamos añadir…

En tiempos de imágenes efímeras y de literaturas vacías, la escritura de Silvia Maldonado propone un reencuentro con los usos de la lengua que no se someten a la trama pero tampoco la descuidan, y con el sobrevuelo de un humor que observa y revela lo oculto, para negarle toda posibilidad al olvido; para perseverar en el ser y en la historia colectiva.

También podría gustarte

Los comentarios están cerrados, pero trackbacks Y pingbacks están abiertos.