Ni calentitos los panchos ni fresquita la Coca

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A lo’ rico garbanzo, a lo’ pescadito frito…¡Vamo’ muchachos, vamo’ chicas, que los gladiadores dan hambre…! ¡A la’ nuece, a la’ nuece…a las aceituna y a la’ cerezas, vamos que sueltan los leones! ¡Vino barato y fresco…vino que a la calor espanta!

Y qué decirles si bajo la canícula, hasta la tribuna llegan el rugir de las bestias, el ¡Aaayyy! de los luchadores caídos por obra y desgracia de los pulgares para abajo. Es que no les avisé que no estamos en Qatar ni en tribuna alguna del fútbol mundial, que parece ser el unicato del ser por estos días decembrinos, antes del convite por el nacimiento de ya saben quién y las celebraciones por el calendario que se va, o por el que está por llegar.

Así que nada de calentito’ los panchos ni fresquita la Coca, tal cual suelen vocear en las graderías futboleras argentinas, pues lo repetimos que los espectáculos a los que hacemos referencia son los del Coliseo romano, hace unos dos mil años atrás, cuando para calmar la ansiedad por sangre, las multitudes picaban aquello que decíamos: nueces, aceitunas y cerezas, entre otros frutos de la vida misma.

Así lo afirmó hace muy poco Alfonsina Russo, directora del Parque Arqueológico del Coliseo a la BBC de Londres, noticia ampliamente replicada en distintos medios del planeta.

El informe recogido por la cadena teleradiofónica pública británica sostiene que los expertos que trabajaron en aquél yacimiento arqueológico pudieron desenterrar restos de higos, uvas, cerezas, moras, frutos secos y otros alimentos de más de 2000 años de antigüedad en el lugar, casi todos encontrados en las viejas alcantarillas del anfiteatro, construidas durante la primera centuria de la denominada era cristiana.

El Coliseo romano, inaugurado en el año 80 durante el imperio de Tito, llegó a tener un aforo de más de 50 mil espectadores

La BBC también reporta que los hallazgos forman parte de un estudio que comenzó en enero de 2021, en el que se limpiaron cerca de 70 metros de desagües y alcantarillas debajo del Coliseo.

Ninguna novedad es que la gastronomía romana como práctica para el disfrute de las clases poderosas ostentaba ya su propia literatura; tanto es así que el libro de cocina más antiguo del cual se tiene registro en Occidente, De re coquinaria, es atribuido a  Apicius, gastrónomo que vivió durante el siglo I, durante los reinados de Augusto y Tiberio.

Pero volvamos al Coliseo, donde humanos y fieras traídas desde los distintos rincones del Imperio vertían su sangre sobre la arena, en peculiar rito teatral de lo verídico y sublimación del amor nuestro por la violencia.

Cada vez que el espectáculo llamaba, en los alrededores del estadio y en su interior, vendedores ambulantes ofrecían garbanzos, pescado frito, salchichones y amasijos de trigo. Por supuesto que el vino corría, para regocijo de los miles que aguardaban ver cómo los pulgares para debajo de los poderosos sentenciaban el fin de cada justa, para sacrificio y muerte del perdidoso.

Gracias por vuestra amable atención.

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