¡La de conciliábulos que habrá desatado la llegada de Michelin a la Argentina…!

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Con discreción y buenas maneras así decía el diario La Nación hace horas acerca del inminente desembarco por estas costas de la Guía Michelin, la más de las sacrosantas palabras del canon gastronómico internacional: Con mucha expectativa, la guía anuncia novedades en nuestro país. Un posible desembarco y el reconocimiento de estrellas que impulsarían a la gastronomía y al turismo local.

Habrá que estar atentos para confirmar o no las sospechas que por los menos nosotros tenemos respecto de a quiénes seguramente ya les fueron asignados los primeros lauros, basta con recorrer la trama de empresarios y cocinerillos ellos y ellas mediáticos o con buena prensa (casi nunca en forma gratuita)…Pero aguardemos…

Los anuncios oficiales están previstos para el próximo 25 de julio con una conferencia de prensa en La Mansión del Four Seasons Hotel Buenos Aires. Estarán presentes Elisabeth Boucher-Anselin, directora de Comunicaciones Global de la Guía Michelin, y Matías Lammens, ministro de Turismo y Deportes de la Nación, quien al fin al cabo y como buen político profesional de este país muy alerta siempre está respecto de por dónde pueden pasar los buenos lucros de tiendas y oportunidades.

Dicen que no habrá nadie del mundillo de los más interesados, es decir cocineros y cocineras con aspiraciones, ni empresarios; las dos caras a veces idénticas de un mismo negocio.

La Michelin nació en 1900 poco menos que como un simple mapa de rutas y caminos en Francia y de a poco, a partir del año ’26, comenzó a formular sus primeras recomendaciones de dónde comer y alojarse.

Con el paso del tiempo el negocio fue creciendo en poder económico e influencia hasta llegar a ser lo que es hoy, pese a la proliferación de una competencia que se desarrolló sobre todo al calor de las nuevas tecnologías aplicadas a la comunicación: la mayor disciplinadora del negocio gastroturístico global para mercados de alto poder adquisitivo.

Bien explica el mencionado artículo de La Nación: El método de puntuación es estricto. Las estrellas con las que se reconoce a un restaurante son otorgadas por selectos inspectores que, de forma anónima, visitan los lugares y evalúan su propuesta (toda una ceremonia recreada en el film “Un viaje de diez metros”, con Helen Mirren). Discretamente ellos no solo se miden sus sabores, sino también la técnica culinaria, calidad de sus ingredientes y su regularidad a lo largo del tiempo. Así es como llegan a una evaluación de una, dos o tres estrellas. Siendo tres estrellas el diferencial, el nivel más alto.

Cómo suelen comportarse todos esos operadores publicitarios, con el sigilo y la nocturnidad simbólica que la necesidad de crear sentido indica, más que lícito es poner en tela de juicio o duda las aseveraciones, tanto de la Michelin como de otros instrumentos similares del universo marketing.

Los interesados, es decir los distintos sujetos del negocio, se desviven, conspiran y se tiran zancadillas entre sí por el reconocimiento Michelin, pero los comensales, es decir quienes componemos el universo de la comensalidad y sobre todo aquellos que como en Tomate lo entienden en tanto un hecho cultural, social e identitario, jamás convocaremos a actos per se de fe publicitaria.

La Michelin comenzará sus operaciones en Argentina dedicándose a dos destinos: Buenos Aires y Mendoza, y ello tiene su lógica: en el primer caso se trata del centro económico neurálgico del país, y en el segundo de su principal polo turístico enogastronómico.

Se informa que durante el acto de presentación – la guía impresa estaría pronta para antes de fin de año – la Michelin dará a conocer algunos primeros premio o menciones.

Argentina no ha tenido estrellas Michelin en su territorio (por ahora) pero sí algunos cocineros y cocineras argentinos se hicieron acreedores de ciertas consagraciones estelares.

Para finalizar y siguiendo a La Nación: Mauro Colagreco logró las ansiadas tres estrellas Michelin con su restaurante Mirazur, en Francia. El mendocino Germán Carrizo y la cordobesa Carito Lourenco obtuvieron su primera estrella con su restaurante Fierro, en Valencia en tanto el chef Agustín Ferrando Balbi, de Ramos Mejía, obtuvo una estrella con Ando, en Hong Kong. Agustín Ferrando Balbi, el chef argentino logró una estrella Michelin para su restaurante Ando en Hong Kong.

En fin…la Michelin está entre nosotros.

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