La arepa venezolana, patrimonio de la humanidad

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Victoria Korn

El gobierno de Venezuela dio inicio a la elaboración del expediente para postular ante la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), la arepa como patrimonio cultural intangible de la humanidad.

“Hemos empezado la actividad para elaborar, preparar y presentar el expediente de postulación ante la Unesco de la arepa venezolana en sus diversas modalidades para que sea declarada patrimonio de la humanidad entera”, precisó el presidente Nicolás Maduro.

Las arepas son panes tradicionales en forma de disco, hechos con harina de maíz sobre una sartén caliente, sobre hornallas u horneadas, y se consumen de diferentes maneras.

Es el plato venezolano por excelencia. Es consumida en toda la geografía de Venezuela, donde se suele comer casi todos los días, rellena, en el desayuno o en la cena, como plato principal o como acompañante.

La arepa fue descrita por varios pensadores en Venezuela como un alimento patrimonial y un símbolo de identidad nacional. Es un alimento irrenunciable, de absoluta centralidad en la mesa del venezolano.

No es la única masa redonda hecha con harina de maíz que se consume en América Latina. De hecho, existen variedades que reciben otros nombres, como las gorditas en México o las pupusas en El Salvador. Entre colombianos y venezolanos la discusión es de dónde proviene la arepa, que en realidad surge cuando ambos países estaban unidos.

Los cronistas y los datos arqueológicos señalan que es un alimento que existió antes de la llegada de los conquistadores españoles a América, señala Ocarina Castillo, antropóloga de la Universidad Central de Venezuela y autora del libro Los panes de esta tierra, que ahonda en el uso histórico de productos como el maíz, la yuca y el plátano.

Los historiadores describen los instrumentos que se utilizaban para hacer preparaciones de maíz, como piedras de moler y budares, unas planchas circulares que se usan para cocer o tostar alimentos como la arepa y el cazabe (tortilla de yuca).

El maíz aparece catalogado como uno de los alimentos base de la dieta indígena a lo largo y ancho del continente americanos y su consumo data de hace unos tres mil años.

En el libro ¡Viva la Arepa!, el historiador venezolano Miguel Felipe Dorta asegura que según los registros, los indígenas cumanagotos, que habitaban lo que hoy en día es el caribeño estado venezolano de Sucre, llamaban erepa al pan de maíz de forma redonda.

En Venezuela, puede existir como mínimo una veintena de arepas diferentes, dependiendo del maíz, de cómo se amasa; si se hace gruesa, delgada, pequeña, grande; si lleva aderezos. Es todo un mundo. También hay distintas formas de cocinarlas: asadas, fritas y horneadas.

La arepa venezolana permite todo tipo de rellenos: carne, fríjoles negros, plátano maduro, pollo, aguacate, hasta huevos de codorniz.

La pelúa, por ejemplo, lleva carne desmechada y queso amarillo rallado, mientras que la reina pepiada tiene una mezcla de pollo desmechado con aguacate (palta) y mayonesa. El hábito de rellenarlas, fue un gusto adquirido por los venezolanos a mediados del siglo XX.

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