Cierra el Santa Evita pero la cocina argenta y popular volverá al contraataque

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El emblemático restaurante de Palermo, el boliche peruca que desde hace ocho años habita en un barrio bastante gorilón, cerrará su puertas cuando termine septiembre…Se irá de parranda hasta que un día…

Fue Milei, dicen sus cuentas en redes sociales, y no lo dudamos. La destrucción infinita con la el gobierno del facho lunático somete a quienes habitan este país no sólo empobreció las dietas en las casas de millones de argentinos y provocó la creación de miles de ollas populares, sino que provoco también un terremoto sobre el negocio gastronómico.

Una mirada superficial en torno a restaurantes y diversas casas de comidas puede concluir que, debido a la concentración de comensales y clientes en algunos de ellos, todo resulta floreciente.

Erróneo. Un corto viaje entre los informes sintetizados por programa de IA arroja los siguientes datos.

El sector gastronómico argentino atraviesa una fuerte caída del consumo que ronda entre el 30% y el 40% interanual, impulsada por la pérdida del poder adquisitivo y el cambio en los hábitos de los clientes. El 53% de los argentinos ya no sale a comer afuera en todo el mes, convirtiendo esta actividad en una excepción en lugar de un hábito frecuente.

Las familias redujeron los pedidos; ya no se consume alcohol, entradas o postres de forma habitual, y se priorizan fuertemente las promociones.

Pero el cierre del Santa Evita, de nuestro amigo, el gran cocinero Gonzalo Alderete Pagés, significa mucho más: cae el telón sobre una experiencia culinaria que más allá de su carácter temático y claramente político, peronista; implica la frustración de un proyecto dedicado a rescatar sabores que forman parte de la identidad cultural de esta sociedad; un proyecto dedicado a la memoria del comer popular.

Por suerte, a través de la redes él avisa que ya está pensando en cómo volver y lo antes posible.

Como homenaje y saludo al Santa Evita, aquí reproducimos algunos párrafos de El Pejerrey Empedernido ya publicados…

No son de la Chacha, son del Santa; las gloriosas empanadas…

Son las de El Santa Evita, el restaurante peronista de mi amigo Gonzalo Alderete Pagés, un gran cocinero en serio, sin los miriñaques de las y los chefsuelos de moda, buscadores de estrellitas estrelladas y rendidos ante los influencers de todo tipo, pelajes y esperpénticas cataduras.

En esta oportunidad no me referiré a sus propuestas en general, ni a su menú de búsquedas en las tradiciones culinarias del ispa y cocoliches.

Vayan ustedes al Santa, que queda en Julián Álvarez 1479, Palermo, en la pobre ciudad de Buenos Aires, tan maltratada por las derechas y los cruzados de la fealdad, y protagonicen sus propios descubrimientos; allí los aguardan verdaderas epifanías del sabor.

Sí hoy y ahora una breve relación acerca de sus empandas, algunas de ellas verdaderos hallazgos, como las de surubí que disfruté hace pocos días, en uno de esos arranques de gandulería y boludencia en noche de parranda familiar.

Pues entonces los del Santa cumplieron con los honores que los caracteriza y más, porque sus joyas, algunas fritas como las del pescado de nuestros ríos, y otras al horno como las de carnes y las de quesos y vegetales, todas llegaron con sus galanuras de compañías; es decir con picantes varios y uno entre ellos, el de jalapeño en almíbar, para el Olimpo, para el sueño de los justos y el de las bucaneras en armas.

Y pensaba entonces en escribir lo que escribo cuando de repente, ¡zas…se me ocurrió!

Las empanadas del Santa Evita son capaces de robarle la leyenda a las empanadas de la Chacha, ¿se acuerdan de ella? ¿No? Les recuerdo…

La Chacha es la nodriza de Patoruzú y sus empanadas son únicas…Patoruzú fue una de las revistas más longevas de la historia editorial argentina. Cruzó sin interrupciones cuatro décadas convulsionadas, desde el 10 de noviembre de 1936 hasta el 30 de abril de 1977, cuando apareció el 2045, su último número.

Pero algún día Patoruzú se sentará a comer las empanadas y algo más del Santa o como vaya a llamarse la próxima cocina de Gonzalo

¡Salud, y que vuelvas pronto con tus picantes!

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