Un picadillo de carne y un postre Balcarce, y a no rendirse
El enigma en el título como invitación a la lectura (poética) y a la mirada y al oído (teatro)…La lectura del Prólogo del número 3. 2026 (Primavera) de la magnífica Poesía No: revista latinoamericana, dirigida por Alberto Cisnero y Luca Peralta…Y en el Centro Cultural de la Cooperación (CCC) sentarse a ver y pensar la obra La zapatería, crónica de mujeres calzadas, escrita y dirigida por Alfredo Allende, y sobre el escenario un grupo de grandes actrices: Flor Orce, Florencia Pineda, Julia Nardozza, Florencia Patiño y Mirna Cabrera.
1.- Poco adictos a las costumbres benignas aunque enfáticos y curiosos, leemos a Borges, a Iorio, a Pedroni, a Blomberg, a los clásicos del Siglo de Oro español y a otros contemporáneos. Años ha, durante nuestros almuerzos de perfectos obreros del gremio de la construcción, solíamos tomar contacto con la cultura inglesa mediante representaciones tangibles y simbólicas: untábamos picadillo Swift en el mendrugo y nos entreteníamos con los libritos de la ex casa Emecé donde Jorge Luis Borges se atribuía medidos e inolvidables…Ocurre en la ciudad autómata como en las crueles provincias, en un país donde se vende a la madre por un huevo frito (o un etiquetado en las redes sociales)

Así comienza el Prólogo del número 3. 2026 (Primavera) de la magnífica Poesía No: revista latinoamericana, a cargo de Lucas Peralta y Alberto Cisnero.
2.- Humor hilarante y delirante. Una célula revolucionaria de mujeres trabajadoras en una zapatería de barrio. Una dirigente que está más allá del bien y del mal, la conductora impoluta y un secuestro casi a los Buster Keaton. Un clienta con aires de bacana que cambia el rumbo de las acciones, hacia una venganza amorosa. Cuando las revolucionarias acusan hambre acometen con un postre Balcarce…En el tiempo y el país que vivimos (siniestra experiencia) esa pieza teatral es una bocanada de aire que ayuda a sobrevivir.
Historias de fuentes diversas recopiladas de a través de IA dicen…
El postre…
El postre Balcarce nació en 1950 en la Confitería París, ubicada frente a la plaza principal de la ciudad bonaerense de Balcarce, creado por su propietario, el pastelero Guillermo Talou.
En sus inicios, se conoció como «Imperial», ya que la idea inicial de Talou era buscar una reversión criolla del clásico postre Imperial Ruso.
Para darle identidad propia, le sumó una generosa capa de dulce de leche, combinándolo con influencias del postre Chajá.
Según cuentan familiares y allegados de la época, el merengue surgió como una forma de aprovechar las claras sobrantes de la elaboración de los tradicionales alfajores serranos, cuyas tapas requerían solo yemas.
La receta original se compone de múltiples capas de pionono. Rellenos de abundante dulce de leche, crema chantilly y discos de merengue francés.
El toque frutal y crujiente es de marrón glacé (castañas en almíbar), nueces picadas, pasta de almendras y una cobertura externa de coco rallado.
Y ahora el picadillo
La empresa estadounidense Swift and Company (fundada en Chicago por Gustavus Swift en 1855) expandió sus horizontes hacia el sur del continente. En 1907, la firma compró las instalaciones de La Plata Cold Storage en Berisso, dando origen a la Compañía Swift de La Plata. Aquel coloso industrial no solo impulsó el negocio de la carne congelada para exportación, sino que cambió la dinámica de las comunidades locales en Berisso y, a partir de 1924, en su planta de Villa Gobernador Gálvez (Rosario, Santa Fe).
Para los años 20, Swift manejaba el 70% de las exportaciones de carne vacuna del país. Con semejante volumen, la empresa buscó un máximo aprovechamiento de la materia prima. A partir de 1930, Swift inició un fuerte proceso de diversificación.
Fue en esta época de entreguerras cuando la marca comenzó a enlatar alimentos a gran escala: vegetales, salsas, y fundamentalmente, carnes procesadas de larga duración. Así nació el picadillo de carne Swift: un untable a base de carne vacuna, emulsionado con condimentos especiales, diseñado para resistir extensos períodos de almacenamiento sin necesidad de refrigeración.
Con el correr de las décadas, la latita de picadillo de 90 gramos dejó de ser solo un recurso de trinchera o de trabajadores fabriles para integrarse a la vida cotidiana. En la segunda mitad del siglo XX, abrir una lata de picadillo con galletitas de agua se transformó en un verdadero ritual de independencia familiar y juvenil en Argentina: el menú rápido cuando los padres no estaban o la merienda predilecta para llevar de campamento o a la escuela.
A pesar de los cambios de manos que sufrió la empresa a lo largo del tiempo (incluyendo quiebras, estatizaciones y ventas internacionales desde los años 70), el producto sobrevivió idéntico en su esencia y formato gracias a su fuerte arraigo popular.
Una historia para la gloria del pueblo
La Compañía Swift de La Plata S.A. era un frigorífico emblemático y gigantesco en la industria de la carne argentina, con miles de operarios trabajando en sus plantas de Berisso y Rosario. En mayo de 1969, pasó a formar parte formalmente del holding internacional Deltec International Limited.
A fines de 1970 presentó la quiebra y, en maniobra fraudulenta, Deltec se presentó como acreedor. En 1972, en dictadura aún, el juez Salvador María Lozada emitió un fallo histórico que revolucionó el marco jurídico beneficioso para los monopolitos transnacionales. Demostró que Swift y Deltec eran una misma empresa y evitó la maniobra fraudulenta.
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