Cuando la llamada prensa gastronómica boludea con la pizza sí que lo hace en serio

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Vean esto que publicó hace pocos días el portal del Canal 26 TV: Qué tomar con pizza en Buenos Aires…

Casi que nos cuenta que el caballo blanco del general San Martín era blanco o que descubrieron el dulce de leche. Por supuesto que a todos nuestros temas conocidos por demás entre comensales y lectores se puede regresar una y otra vez pero lo sugerible es aportar en algún datos nuevo o datos sabidos con  nuevas interpretaciones, por ejemplo.

Pero no, el artículo que nos llamo la atención casi que arranca así:

Si hay una combinación histórica e imborrable en Buenos Aires es la de pizza con moscato. La asociación quedó instalada como parte de la cultura popular y sigue siendo una referencia obligada cuando se habla de pizza porteña. En varias pizzerías tradicionales el ritual del mostrador, la porción al paso y la bebida simple y directa sigue vigente.

Se me ocurre, ¿por qué y entre quienes, acaso entre todos los comensales sigue vigente tan majestuoso concubio, que difícilmente retoce en el galicinio?; o sí por qué no, si la pizza con moscato jamás debería tener horario.

Con el correr de las palabras, el texto en cuestión afina un tanto la puntería: La cerveza, sin embargo, pasó a ser la opción más elegida por muchos comensales.

Pero después vaya que homilía. Funciona muy bien con pizzas de mucha muzzarella porque la frescura y el gas ayudan a cortar la grasa del queso. Podríamos replicar que la Historia casi que no reconoce amoríos entre birras y quesos, pero bueeee, sobre gustos todo vale, al fin de cuenta los humanos somos omnívoros, que disfrutamos mucosidad (hongos), piedras (sal) y secreciones glandulares (leche, con la que justamente se hace la mozzarella).

Y el artículo sigue: También hay opciones con más personalidad: el vermut va muy bien con pizzas de cebolla, anchoas o sabores intensos; y en lugares como Angelín, donde la pizza canchera tiene una identidad propia, también aparecen sidra tirada, vino y cerveza como acompañamientos históricamente vinculados a la casa.

A ver. En principio cantamos nada me han enseñado los años, siempre caigo en los mismos errores. Otra vez a brindar con extraños y a llorar por los mismos dolores del gran mexicano José Alfredo Jiménez (En el último trago, 1972), quien seguro no era varón de pizzas pero sus canciones siempre refulgen.

Y hacemos la cita para evocar otra vez los del párrafo anterior, aunque los más viejos de los tomateros damos nuestra palabra de honor que no podemos recordar mesas de mozza o lo que fuere con sidra y vermú, ni en la legendaria Angelin ni ninguna otra de nuestras catedrales pizzeras.Y si aconteció, que es muy probable que así sea, nuestra memoria prefiere olvidar ciertas ofensas.

Luego el texto víctima de  nuestras chanzas, que son cono amor, que claro quede, se extiende en una guía de propuestas como locaciones y precios; pasamos de ello.

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