Cuando el vino es acuarela, oleo…arte

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Desde tiempos ancestrales, el vino ha sido considerado una de las expresiones culturales más complejas de la humanidad. Existe una expresión aún más fascinante: convertir el vino en una obra visual. Un texto e imágenes tomadas del sitio en redes La nueva mesa.

En una copa convergen agricultura, química, microbiología, geografía, historia, tradición y sensibilidad sensorial. No por nada se dice que el vino es una obra de arte que puede beberse.

Pero existe una expresión aún más fascinante: convertir el vino en una obra visual. Esta disciplina es conocida como Winerelle, término popularizado por la artista serbia Sanja Jankovic, licenciada en Bellas Artes, quien desarrolló y dio reconocimiento internacional a esta técnica basada en utilizar vino como medio pictórico.

A diferencia de una pintura tradicional, en la Winerelle el vino sustituye parcial o totalmente a los pigmentos convencionales. Los tonos rojizos, púrpuras, ocres y marrones se obtienen gracias a los compuestos fenólicos presentes naturalmente en el vino, especialmente las antocianinas y los taninos.

Desde el punto de vista químico, las antocianinas son pigmentos vegetales pertenecientes a la familia de los flavonoides responsables de los colores rojo, azul y violeta en muchas frutas y flores. En el vino tinto provienen principalmente de la piel de las uvas y su tonalidad puede cambiar por factores como el pH, la oxidación y el paso del tiempo, haciendo que cada obra tenga una evolución cromática propia y prácticamente irrepetible.

Este fenómeno convierte a la pintura con vino en un diálogo entre el arte y la ciencia. El artista no trabaja solamente con color; trabaja con una materia viva y compleja que continúa transformándose después de haber sido aplicada al papel.

La relación entre el vino y las artes visuales no es nueva. Desde los antiguos pueblos mediterráneos, pasando por las representaciones del dios del vino Dionisio en la cultura griega y Baco en la tradición romana, hasta los bodegones europeos de los siglos XVI y XVII, la vid, las uvas y la copa han sido símbolos recurrentes de celebración, fertilidad, abundancia y vida social.

En la actualidad, el Wine Art representa también una nueva forma de comunicar la cultura del vino. En un mundo donde la experiencia gastronómica es cada vez más importante, disciplinas como la Winerelle nos recuerdan que detrás de cada botella existe una historia, un territorio, un productor y un universo de emociones.

El vino no solo se degusta con el paladar. También puede contemplarse con los ojos, interpretarse con la mente y sentirse a través de la memoria y las emociones que despierta.

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